Los jóvenes cada vez se someten a más intervenciones estéticas para imitar caras o cuerpos que ven en redes sociales.

El 95 % de los menores de entre 10 a 15 años ha utilizado el ordenador o la tableta en los últimos tres meses, según datos del Instituto Nacional de Estadística. Alrededor de un 70 % dispone de móvil. Entre los 16 y los 24 años, según Statista, utilizaban algún tipo de red social en 2020. El primer pico del trastorno dismórfico corporal (o TDC) aparece antes de la mayoría de edad, a los 16,4 años, según se desprende de el estudio sobre TDC elaborado por la Universidad Católica de Chile. Son cifras que forman la realidad actual: las redes sociales, tal y como apuntan los expertos, aumentan y agravan los casos de TDC.

Este trastorno, descrito por primera vez a finales del siglo XIX y conocido entonces como dismorfofobia, es una percepción distorsionada de la imagen que se tiene de uno mismo. Las personas que lo padecen (alrededor del 2 % de la población, con ligera prevalencia de hombres sobre mujeres) ven o creen ver defectos en su físico que les hace desarrollar comportamientos obsesivo-compulsivos. Pero en los últimos años, los expertos advierten que las redes sociales (especialmente las más visuales, como TikTok o Instagram) han agudizado este problema. Boston Medical Center habla de un nuevo fenómeno conocido como dismorfia de la autofoto para referirse a un nuevo tipo de pacientes que están acudiendo cada vez más a las consultas de los cirujanos plásticos. Su petición: parecerse a las fotos que publican de sí mismos en las redes sociales después de varios filtros.

«Las redes sociales, junto con la publicidad, son los medios que más favorecen la exposición pública de cuerpos y su categorización. Y funciona bien esta categorización porque de algún modo hemos sido sus consumidores pasivos y hemos llegado a normalizarla», explica Mireia Cabero Jounou, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universidad Abierta de Catalunya (UOC). En las redes sociales se publican «nuestras mejores fotos en nuestros mejores momentos y mejores posiciones», añade, «lo que hace que adoptemos una dimensión diferente a nuestros cuerpos».

Así afecta a hombres y mujeres

Según el estudio Core Clinical Features of Body Dysmorphic Disorder de la Universidad de Oxford, las áreas que más preocupan a las mujeres afectadas por el TDC suelen ser nariz, muslos, caderas y piel; en los hombres, cabellos (alopecia), músculos y genitales. Asimismo, las asimetrías presentadas en ojos y fosas nasales se convierten en una obsesión por estos pacientes, que suelen estar infradiagnosticados y terminan pasando por quirófano cuando lo que necesitan es terapia psicológica. «Este es el riesgo: que la operación se entiende como un medio por la resolución del problema cuando el problema es psicológico», indica Cabero.

Los resultados de la operación suelen aumentar la frustración en lugar de su eliminación. Quienes sufren de TDC suelen presentar estos síntomas:

  • Conductas de camuflaje que alteran su día a día, con maquillaje o adoptando ángulos o posturas que les favorezcan.
  • Comparación con uno mismo y con los demás.
    Verificación (se miran compulsivamente en el espejo).
  • Cuidado e higiene excesivas.
  • Pellizcarse la piel.
  • Inseguridad.
  • Baja autoestima.
  • Conductas evitativas (cancelar citas, por ejemplo, por no ser juzgados).

Buscar referencias irreales

Según los expertos, el TDC puede agravarse entre quienes lo sufren o puede afectar de manera especial a los adolescentes debido a esta exposición continua en las redes sociales, lo que entraría en el concepto de esta dismorfia de la autofoto . Esta búsqueda de la perfección comparándose con rostros y cuerpos que no son reales es crítica en la adolescencia. «En esta etapa es básica la comparación con los demás. Buscas grupos de iguales, buscas tu sitio. Los referentes externos son muy importantes. Si en esta búsqueda tienes referentes que no son reales, estamos perdidos: te comparas con algo que no existe y tu nivel de exigencia es increíble», indica Montserrat Lacalle Sisteré, profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC. Y éste es uno de los grandes problemas: la nueva publicidad se desliza camuflada mediante los influenciadores en las redes sociales. Son personajes que publican fotos retocadísimas y detrás de las cuales, a menudo, hay profesionales que los visten, peinan y maquillan.

Lacalle considera que el TDC puede afectar a más gente o agravar los casos ya existentes: «Nos muestran como un ideal algo que no es perfecto y que no es la realidad. No me estoy comparando con la modelo de cuerpo perfecto, sino con un montaje de Photoshop». La dismorfia de la autofoto hace que los investigadores cambien su foco: han interiorizado el ideal de delgadez y la insatisfacción corporal «que nos afecta a todos, pero que empieza a ser TDC desde el momento en el que modifica tus conductas», explica Lacalle. Este consumo activo (interacción en redes) frente al pasivo de la era analógica también afecta de forma diferente a los usuarios de redes. Esta proximidad con los famosos