La diseñadora mallorquina, Alma López, posando en su taller situado en el icónico barrio de Santa Catalina. | M. À. Cañellas

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Con la que está cayendo no es de extrañar que más de uno lleve un abanico encima como si se tratase de una extensión del cuerpo. A pesar de sus años de historia, esta pieza sigue siendo muy recurrente y necesaria cuando el calor aprieta. El abanico que ha acompañado a la mujer a lo largo de los siglos, se convirtió en un complemento imprescindible de la moda de antaño. Además, sirvió como un instrumento de comunicación que variaba en función del país y de la época. Sus movimientos, posición o colocación dieron paso a un lenguaje gestual donde las damas de siglos pasados lo empleaban para comunicarse con disimulo.

En la actualidad, la gran diversidad en los tipos de abanicos está ligada a los antojos de la moda. Y se encuentran de todo tipo y condición. En un coqueto primer piso del barrio de Santa Catalina se encuentra La Morenita, una marca de alta bisutería y taller artesanal de abanicos-joya. Y como si de una casualidad del destino se tratara, estos transmiten el nombre de su artífice: Alma.

La diseñadora mallorquina Alma López transformó en 2007 el clásico concepto del abanico para convertirlo en una joya. «Fue por casualidad. Tenía el abanico encima de la mesa de trabajo, junto a las cadenas y piedras, y lo vi», explica la mallorquina. Aunó las dos ideas y concibió un producto singular. «Crear un concepto nuevo en joyería es muy complicado. Prácticamente está todo inventado. Hay collares, pulseras, anillos… y el abanico joya es un concepto único», argumenta. López, que admite no tener un proceso creativo concreto, diseña sus piezas con espontaneidad y naturalidad con el propósito de encajar los elementos a los diferentes perfiles y personalidades. «Me inspira la gente o las piezas que encuentro. Antes de ponerme a diseñar me gusta tirar todos los elementos por el suelo, mezclarlos y de ahí, crear las combinaciones para los diseños. Al fin y al cabo mis piezas son la fusión de dos conceptos. Por un lado, el uso clásico para el que fue creado y por otro, el añadido de la joya que convierte las piezas en complementos especiales». Hablando de perfiles, son muchos los rostros conocidos que han adquirido un abanico con alma. «La reina doña Sofía, la duquesa de Alba en su momento, María León, Fiona Ferrer, Eva González, y Adriana Lima son algunas de las personalidades», explica López. Y es que tal y como señala la diseñadora, el abanico es un básico que no pasa de moda y lo emplean «desde las chicas de 20 años hasta las señoras de 90. Me gusta decir que rescato clásicos para convertirlos después en objetos de deseo».

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Algunos de los abanicos-joya de la diseñadora.

El estilo de sus creaciones es muy variopinto y su público, como bien ha comentado, muy amplio. López propone abanicos joya más informales para llevarlos a la playa, y consagra piezas más particulares para eventos especiales y sofisticados. «No son abanicos de fiesta. Son piezas de diario que contienen el collar que adorna y además el uso práctico. Podríamos decir que mis diseños son una forma de introducir el abanico en gente que no lo tiene entre sus accesorios básicos».

Gran parte de la producción se realiza en Mallorca y el resto en Valencia. A la hora de la concepción de sus piezas, López diferencia entre esencia e importancia. «La esencia de los abanicos es elaborada por maestros abaniqueros y cuentan con el sello Abanico Artesano Español, que les aporta ese preciado valor al estar elaborados a mano. Se fabrican con maderas naturales y se pueden encontrar con un lacado en nácar, oro, plata, blanco y negro. Luego la importancia, que llega con el diseño del collar, con las piedras preciosas, las cadenas...». Sus creaciones se han visto en revistas como Vogue y marcas como Cartier o Guerlain han contado con sus abanicos joya para formar parte de su productos. Y aunque sus creaciones están en mercados internacionales como Emiratos Árabes, Marruecos, China, Italia y Barbados, su centro de creación e inspiración es Mallorca.