Algunos de los vecinos y los concejales de Cort Oliveras y Martínez, nos guiaron por el nuevo parque, señalando sus inconvenientes. | Click

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En la entrada del superparque de Bellver nos encontramos con un grupo de vecinos a quienes habíamos convocado, entre otras cosas para conocer su opinión respecto a cómo eran sus vidas tras la apertura al público de este espacio remozado, pues nos habían llegado noticias de que estaban muy descontentos. También andaban por allí los concejales de Cort Jaime Martínez y Montse Oliveras, que seguramente habían sido citados por aquellos.   

Y es que, según cuentan, el nuevo parque está ocasionando muchas molestias entre el vecindario, cosa que por otra parte se veía venir desde el momento en que se dijo que se iba a construir, lo cual se hizo sin consultar con estos. «Pensamos que lo suyo hubiera sido –nos comentó una vecina– que antes de ponerse a trabajar, hubieran hablado con nosotros. Que nos hubieran preguntado qué nos parecía y si podía originar alguna molestia… Porque, que pregunten es lo normal, ¿no? ¡Pues no! Vinieron y construyeron el parque. ¿Y qué ha pasado…? Pues que aquí, sobre todo en fines de semana y fiestas, no se puede vivir, en el sentido de que el parque, al atraer a ciudadanos de otros barrios, ha quedado prácticamente colapsado, lo cual, a su vez, ha colapsado algunas de nuestras calles, ya que los visitantes llegan en coches. A ellos sumemos que los decibelios se han disparado hasta tal punto, que ni descansar un rato después de comer podemos».

La mesa de ping pong convertida entumbona.

Eso es lo que dice una vecina, y otros nos enumeran los principales problemas que ha creado el nuevo parque, entre otros, los siguientes: Al no poder venir hasta aquí los bomberos por la ruta de antes, pues el parque no lo permite, en el caso de que se produzca un incendio, como los dos que tuvieron lugar hace unos meses, en vez de tardar diez minutos, tardan casi cuarenta, ya que tienen que hacer mucho más recorrido, y como han de llegar por calles estrechas, el camión no puede porque no cabe, lo que obliga a los bomberos a hacer el último recorrido a pie. O dicho de otro modo, que el nuevo parque ha obligado a cambiar el plan de emergencia, lo cual es grave (la persona aporta a su comentario el informe de los bomberos tras haber acudido a sofocar un incendio: «La intervención se ha visto dificultada durante el trayecto debido a la dificultad de circulación de nuestro vehículo por estas calles dada su estrechez…»), y por otra parte –apostilla–, como es tanta la gente que viene, el lugar deja de ser lugar protegido».

Con el nuevo parque, muchos coches en las mismas calles estrechas de siempre.

Al llegar gente de otras zonas de Palma, como las calles son estrechas, a veces se forman colas de coches a la entrada del parque, pues han de salir los viajeros y sacar las mesas y lo que lleven para pasar el día. Y esas colas cierran la salida de los aparcamientos de las casas que hay cerca de la puerta, «entrada de los aparcamientos que ahora tenemos cerrada, ya que de lo contrario se cuelan y aparcan en ellos, pensando que son aparcamientos públicos». A veces hay tanta gente, que como no tienen sitio donde comer, lo hacen en las mesas de ping pong. O se sientan en ellas. Y a la hora de comer, el ruido se hace insoportable. Niños chillando, mayores hablando en voz alta... Vamos, que los decibelios superan más de los permitidos. Aunque los servicios de limpieza suelen limpiar la zona del parque, los alrededores quedan sucios.

El lugar, además de una estrecha carretera, tiene senderos. Uno de ellos, tal vez el más utilizado, ahora no se puede caminar por él ya que lo cruza la tirolina por la que constantemente se deslizan niños y no tan niños, lo cual es un peligro… Y si antes las personas mayores del barrio venían a pasar el rato, ahora, como hay tanta gente, ya no vienen. Y menos mal que han puesto una cadena en la puerta que solo permite pasar a las personas, que si no, los coches entrarían aparcando donde les viniera en gana, como sucedió al principio.

Los coches parados ante la puerta del parque impiden que los vecinos de la finca de la izquierda puedan entrar en los aparcamientos que tienen en ella.

Plan de emergencias alterado

Por su parte, los concejales Jaime Martínez y Montse Oliveras, que ya han denunciado esta situación en algunos plenos, pero por lo que vemos no les han hecho caso, apoyan totalmente a los vecinos. «Primero, porque no les han preguntado si necesitaban un parque, habiendo ya uno. Segundo, –sigue enumerando Martínez–, este parque ha alterado sus vidas. Tercero, porque también ha alterado el plan de emergencias, lo cual es un peligro… Porque que te lleguen los bomberos en una cuarto de hora, como antes, a que te llegan en más de media hora, como sucede ahora –puntualiza– es un peligro.    Cuarto, porque ha saturado la zona; porque desde luego, ahora hay más coches que antes. Y estamos hablando de un barrio de calles estrechas, sin apenas espacios para aparcamiento. Y quinto, que ese dinero que dice el Ajuntament que le sobraba –apunta Oliveras–, en vez de haberlo invertido en un parque, habiendo ya otro, mejor hubiera sido destinarlo a arreglar el barrio en general, que falta le hace».

Pues así están las cosas. Los vecinos, sobre todo los que viven más cerca del nuevo parque, están descontentos y decepcionados por todos los inconvenientes que este les ha creado, y también porque nadie, con mando en Cort, se haya acercado hasta allí, los hayan convocado, –como han hecho en otros barrios, en los que se han reunido con vecinos; incluso el alcalde se ha tomado un café con ellos– y les hayan preguntado qué opinan sobre el nuevo parque.