Abuelas encargadas del rastrillo, junto a algunas de sus nietas, que las ayudaron en todo momento. | Pere Bergas

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Vestidas de negro, las señoras toman posiciones y comienzan a vender con mejores ofertas que el Black Friday. Ubicada en la calle Joan Miró del barrio de El Terreno, la Fundació Natzaret, centro concertado del IMAS que funciona como hogar de acogida para niños y jóvenes procedentes de entornos con problemas familiares y sociales, inauguró este sábado el mercadillo solidario de Abuelas en Acción.

«Somos un grupo de 15 amigas de toda la vida, que se junta una vez al año para realizar una acción solidaria. Antes ayudábamos a la organización Nuevo Futuro, pero, desde que cerró en 2016, recaudamos fondos para los niños de la Fundació Natzaret», explica Kika Colom, coordinadora del grupo, que ya ha organizado este rastro en beneficio de Natzaret hasta en cuatro ocasiones. Este domingo el mercadillo permanecerá abierto entre las 11.00 y las 19.00 horas.

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Desde el patio de la fundación, los clientes accedían al mercadillo, situado en una amplia estancia, donde podían encontrar artículos de toda índole, a un precio muy ajustado: ropa de segunda mano en excelente estado para personas de todas las edades, calzado, juguetes para los niños, menaje del hogar, toda clase de objetos decorativos, lámparas, pinturas, joyas y bisutería, multitud de libros y discos, además de ropa de bebé confeccionada a mano por algunas de las voluntarias. Otro de los grandes atractivos del mercadillo es su servicio de restaurante. Alrededor de las dos de la tarde, las abuelas tenían casi todas las mesas llenas de clientes; recomiendan reservar mesa llamando al teléfono 971 730 606.

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«Las croquetas de jamón y pollo son muy famosas. Este año hemos preparado más de 1.800», comentaba Kika alegremente, mientras dirigía a su equipo de camareras. Y es que las abuelas no estuvieron solas, sino que contaron con la inestimable ayuda de hijas y nietas, que colaboraron con ellas sirviendo a los comensales o atendiendo en el rastrillo.
En su menú, los clientes encontraron platos como paella, fideuá, pimientos de piquillo rellenos, fiambre de pollo y dátiles, pechugas, aguacates rellenos, frito mallorquín, fabada o carrillera, así como distintos postres. Todas son recetas caseras, de un sabor excepcional, fruto de la experiencia, el amor y el profundo saber culinario que en ellas vierten estas abuelas solidarias.