Paco Bellucci, el palmesano lleva más de tres décadas saltando entre cabinas. | Pilar Pellicer

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Las catarsis de madrugada, con música a todo trapo, baile desenfrenado y desfile de gin tonics parecen un nebuloso recuerdo del pasado. El maldito virus le arrebató a las discotecas su trono de la noche, y ahora se ven abocadas al cierre o a una profunda transformación para sobrevivir. La apertura de estos locales, condicionada por una larga lista de restricciones, ‘invitan’ a la juventud a decantarse por un botellón que prolifera peligrosamente desde que se suprimió el toque de queda. Ahora, tras más de un año cerradas, pueden reabrir. A priori, una buena noticia para un gremio duramente castigado por la pandemia. Charlamos con Paco Bellucci y Pedro Garrido, dinamizadores de la sala de baile.

Bellucci es uno de los DJ’s más veteranos de la Isla. En activo desde los 20 años, cuando asomaba incipiente por la cabina de BCM. Antes de la pandemia pinchaba en cuatro clubs. Ahora, «que he agotado los ahorros», ha comenzado a pinchar en un par de beach clubs de s’Arenal. «Muchas discotecas no volverán a abrir», desliza con incertidumbre. En su opinión, «se han centrado únicamente en la sanidad y les da igual que la gente se divierta». Sostiene que la solución a «este drama» pasa por «abrir en horario completo, con toma de temperatura y mascarilla, pero que la gente pueda bailar. Si no, se irán a hacer botellón, que es más peligroso porque no les puedes controlar».

Para el curtido DJ, «la normalidad llegará en Navidad, cuando la incidencia de contagios sea mínima». Actualmente, con las restricciones, «la mayoría no abrirá porque no es rentable». Bellucci termina con una reflexión: «¿Quién va a contratar a un David Guetta, Calvin Harris o Carl Cox si solo puedes meter la mitad del aforo y la gente no puede bailar?».

Para Pedro Garrido, el futuro cortoplacista de la discoteca pinta bastos. Desde su residencia en la cabina del Hotel Cuba lubricó las madrugadas con explosivas mezclas. Hoy, subsiste pinchando en un beach club de Magaluf. Opina que con las actuales restricciones «la mayoría de locales no abrirá. Hacerlo con un aforo tan reducido y todos sentados no es viable». Pedro se lamenta de que «al ocio nocturno se le ha abandonado a su suerte», como el vaquero que atraviesa un desfiladero lleno de francotiradores. «Lo que quieren es cargarse la noche, y aquí hay gente con familia e hipoteca».

La solución, especula el DJ, pasa por «buscar un punto medio entre lo que es la prevención de contagios y el negocio». Como Bellucci, cree que «no recuperaremos la normalidad hasta Navidad»; mientras, «habrá que encontrar una solución para empezar a facturar».

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Pedro Garrido, DJ residente del Hotel Cuba. Foto: TERESA AYUGA