Miguel Soler y Miquel Vives, dos de las voces más representativas de la radio balear de todos los tiempos. | Jaume Morey

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Vieron nacer y morir el vinilo. Y si se descuidan, Miquel Vives y Miguel Soler habrían asistido a su resurrección. Toda una vida en las ondas, sirviendo de puente entre generaciones. Hoy, jubilados «a la fuerza», atesoran un pellizquito del inmenso legado de la música de los 60 y 70, aquella época en la que bastaba una radio para ser feliz. Durante sus años en antena vivieron el auge de la canción española, desarrollando un gusto ecléctico y un afán maniático por descubrir a la próxima sensación. Por su micrófono pasó todo el que fue, o intentó, ser algo en esto de la música.

Me sitúo entre estos dos monstruos mientras disparan anécdotas con ímpetu adolescente, aunque se expresan con la despreocupada sinceridad que confiere la madurez. Su verbo se desborda con pasión al relatar batallitas, ya sea sobre un artista de la chanson française o sobre un lío de faldas de un bisoño debutante del pop español, «pero esto no lo cuentes, ¿eh?», me advierte burlón Soler. Personajes irrepetibles dotados de una mirada especial que elevaron su profesión a la categoría de arte.

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Soler rodeado por Juan y Junior, tras la escisión de Los Brincos.

Vives y Soler; Soler y Vives, ocupan un lugar en la vitrina de honor de los divulgadores de la música popular, ellos convirtieron emisoras como Radio Mallorca y Radio Popular en auténticas academias de actitud y renovación, cautivando a varias generaciones de jóvenes borrachos de inocencia y ganas de vivir.

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Pero, vayamos al inicio, antes de las galas de tarde y de protagonizar jornadas maratonianas frente a un micrófono. ¿Cuándo les entra el gusanillo por la música?: «Fue en 1955, en Barcelona, justo cuando nacía el pop en España. Estaban José Guardiola y Víctor Balaguer, que eran baladistas, y las hermanas Serrano con sus versiones de canciones italianas, pero todo cambió con la irrupción de El Dúo Dinámico. Esa época fue un conglomerado de música melódica y pop», explica Miquel Vives. Soler tuvo un origen, digamos, más ‘clásico’. «En mi casa se escuchaba mucha ópera, de hecho yo cantaba en un coro», desliza. A renglón seguido, matiza que «mi abc musical era y es el Dúo Dinámico y los Beatles, que para mí son lo más grande».

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Vives relajado junto a Jose Luis Perales y Paloma San Basílio.

Explica Vives con un desparpajo contagioso que «nunca me consideré un locutor de radio, más bien era un tío de la calle que hacía radio, un comunicador que intentaba tener hilo directo con el oyente. Me estudiaba cada programa, y tenía tres o cuatro diarios. Analizaba al público que me escuchaba para adaptarme a cada audiencia». Por su parte, Soler asegura que «en la radio he hecho de todo, desde entrevistar a un político hasta a actores y toreros, alguno casi me pega, me decían ‘¿como vienes ahora a entrevistarme?’».

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Vives entrevistando a Antonio Machín.

Censura

Un tema recurrente durante la entrevista es el de la censura. ¿Cómo la burlaban? «Tenía que presentar una lista con las canciones que sonarían en el programa 24 horas antes, y luego a esperar que la aprobasen. Pero yo me la jugaba, les pasaba las mismas listas cada semana, creo que ni se las miraban», explica el astuto Vives. Cambiando de tercio, Soler recuerda que «sacaba al balcón de la radio a los artistas para que saludasen al público», y destaca el fervor que despertaba el Dúo Dinámico, con quien tenía un estrecho vínculo. «Tuvieron casa aquí, y Ramón se casó en Palma. Más tarde puso una tienda de discos que yo llevaba, pero la cosa no fue muy bien».

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Confidencias entre Julio Iglesias y Soler.

Nos faltarían páginas para dar cuenta del alud de anécdotas que este dúo sin par dispara a discreción, pero nos quedamos con esta de Miguel Soler: «Tuve un problema con la justicia cuando trabajaba en Ultima Hora, publiqué una página en la que aparecía una sueca tocando la flauta, y abajo escribí: ‘También maneja muy bien el órgano’. El fiscal nos puso una demanda. Entonces le dije a don Pedro Serra que como no tuviéramos de abogado a Perry Mason íbamos a rapar. Y don Pedro, que era muy ingenioso, consiguió una carta de un presbítero de una iglesia de Suecia que aseguraba que la señorita tal tocaba el órgano en su parroquia».

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