Rafa Cortés posa distendido con su perra ‘Rita’. | Esteban Mercer

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El mallorquín Rafa Cortés, director de cine, publicista y desde hace poco tiempo también empresario productor es, incluso físicamente, un hombre con espíritu renacentista. Moderno hasta el tuétano, ama lo bello, lo estético sin olvidar lo ético del todo en una profesión difícil de la que nos habla en esta entrevista inusual, pues lleva muchos años alejado del ojo público. Le llamamos para que nos hablara del anuncio que ha grabado por encargo del Ministerio de Sanidad en el que ciudadanos comunes animan a vacunarse contra la COVID-19 y acabamos hablando de su vida fascinante en esta profesión tan difícil de ejercer. Una cosa que Cortés parece querer dejar claro es su apuesta por «vivir desde Mallorca».

¿Cómo le presento a los lectores que no saben de cine?
– Soy un director de cine que se ha dedicado varios años a dirigir campañas publicitarias y desde hace poco soy además productor. Como publicitario, he tenido el privilegio de dirigir a personas tan dispares como Ferran Adrià, los hermanos Roca, Jordi Évole, Pau y Marc Gasol, Gerard Piqué, Iker Casillas, Juan José Millás, Buenafuente, Michael Robinson, Carlos Sainz, José Mota e incluso a algún presidente del Gobierno… Y de trabajar con los mejores creativos y técnicos imaginables, rodando con medios que el cine raramente se puede permitir. A día de hoy estoy centrado en volver a hacer ficción, aprovechando todo lo que he aprendido estos años en los que me he dirigido principalmente al gran público.

Le gustaba únicamente ser un cineasta para la élite culta…
– No puedo esconder que disfruté muchísimo con el tremendo éxito de crítica y festivales de mi primera película, Yo, y no puedo más que agradecer a los críticos, periodistas, seleccionadores de festivales y sus jurados la maravilla de arranque de carrera que tuve gracias a ellos. Pero es un camino que no recorrería otra vez. O no de esa forma. Sigo siendo igual de exigente, pero ahora estoy en otra cosa.

¿El cine es arte o entretenimiento?
– El cine lo es todo. Me suele gustar que las películas me entretengan, cuando son obras de arte me parecen sublimes. Pero para mí lo importante es que estén bien hechas. Que aporten algo. Que me hagan sentir o pensar. Me da mucha pena que se gaste tanto dinero y esfuerzos en películas que no aportan demasiado pero ocupan salas, catálogos, como si tuvieran el valor de otras películas maravillosas que ocupan lo mismo. Pero bueno, la gente muchas veces no se plantea tanto las cosas. No todo el mundo ve tanta diferencia entre algo que está bien y algo que simplemente cuela. O si la ve no le importa.

¿Por qué se ha hecho productor?
– Para facilitar proyectos que de otra manera llevarían más tiempo, o no serían prioritarios para las productoras grandes que me suelen contratar como director. O proyectos que, simplemente ocurren en Mallorca, una de mis prioridades más grandes a día de hoy. Al final, se trata de conseguir que las cosas sucedan. Produzco ficción, anuncios para compañías locales, coproduzco campañas fuera de Mallorca que preparo desde aquí… Eso sí, me dejo ayudar por gente que sabe más que yo de producción porque ni tengo mentalidad de empresario ni la experiencia necesaria para que las producciones estén al nivel que me exijo.

Un buen director no triunfa por casualidad...
– Siempre ha de haber alguien externo que crea en ti. Agustí Villaronga, que es un director al que admiro muchísimo, no creo que haya tenido que ejercer mucho de promotor de sí mismo. Él se ha limitado a hacer bien las cosas, a mantenerse firme en su visión y en su criterio. Por cierto, su última película, rodada en Mallorca, repleta de ingredientes locales, se ha estrenado ganando el premio de la crítica del festival de cine de Moscú. Bravo, maestro.

¿Por qué eligió hacer cine?
– Sentí que necesitaba salir de Mallorca en un momento dado de mi vida, y en el cine encontré mi pasaporte. En mi familia las sobremesas eran momentos para contar historias, chistes o anécdotas. Mi madre me llevaba a sesiones dobles de cine desde muy pequeño. Y mi abuela me hacía ver en la tele los clásicos americanos. Luego empecé a ir a escondidas al cine con 13 o 14 años. Ir solo al cine, en Palma, era como gritarle al mundo que no eras muy normal. Ya en la adolescencia me hice con una cámara y grabé vídeos muy tontos con mis amigos. Supongo que, cuando llegó el momento de decidir qué hacer con mi vida, y vi que era algo que no se podía estudiar en Palma, dije ‘esta es la mía’. Y hasta hoy.

¿No se llevó ningún disgusto?
– En el momento en el que empiezas la carrera el glamour que asociamos al cine se va al garete. Los actores son personas con virtudes y defectos de persona. Las horas pasan lentas. Es un trabajo duro, entregado y no siempre gratificante.

Usted es un sibarita…
– Cada vez más. Tengo una tendencia a la excelencia tanto en el trabajo como en todo lo que hago y puedo controlar, algo que tiene que ver con comer, con pasear, con conversar, con ver películas, exposiciones, pasar tiempo con mi familia o con mis amistades… Siento que todos merecemos que nuestras cosas valgan la pena. Y creo que está bien tratar de reducir el tiempo que destinamos a cosas que nos empequeñecen, o a las cosas que nos vulgarizan.

Todo tiene su parte positiva. Usted lo ha vivido desde la belleza física...
– La belleza física abre puertas pero casi nunca son las que a uno le convienen. Me encanta lo bello, lo que me da pereza es lo obvio, lo fácil, hay mucha vulgaridad en cierta belleza. Con el tiempo he aprendido a encontrar la belleza con la que me siento cómodo y a sacársela a las cosas que filmo. Me ha pasado con muchas cosas. Incluso con mi relación con Mallorca.

¿En que sentido?
– Llevo seis años viviendo en Palma. Siempre digo que yo no vivo en Palma, que yo vivo desde Palma. Desde Mallorca hacia el mundo. Viajo constantemente por proyectos, casi nunca ruedo aquí. Al principio, no contaba a según quien que vivía en Mallorca, porque lo malinterpretaban. Ahora si lo cuento me envidian. Nos está pasando a muchos que salimos, crecimos y volvimos. Es una gran revolución local lo que estamos viviendo en estos momentos.
¿En qué anda metido en estos momentos?
– Estoy como esos chinos que salían hace años en la tele haciendo girar los platos sobre las varillas. Tengo por un lado Raymond, un largometraje que quiero rodar en Mallorca, cuyo desarrollo ha recibido el apoyo de la Mallorca Film Commission y del que voy a rodar pronto una especie de adelanto con los dos protagonistas soñados. Y paralelamente estoy coproduciendo junto con Dynamo, productora local de la serie Narcos, una comedia basada en una obra de Jordi Galcerán titulada Cancún, que se ha de rodar en un hotel de esa parte del Caribe mexicano. Y también con A name like this, mi productora, estoy trabajando en algunos desarrollos de campañas para realizar desde Mallorca.