Correr ha supuesto para José Luis descubrir otra forma de vida, que le ayuda a desestresarse, a superarse y a encontrarse bien consigo mismo. En la imagen, José Luis el pasado miércoles en su casa, a la entrada de Consell, con las zapatillas con las que correrá mañana. | Pilar Pellicer

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Hace trece años, a la madre de José Luis Hervás le diagnosticaron Alzheimer. Desde ese momento, José Luis Hervás (Consell, 1973) se propuso rendirle un homenaje y realizar el recorrido de la marcha Des Güell a Lluc, en vez de a peu, corriendo. Y mañana volverá a cumplir su promesa. «Durante los primeros once años salía por la noche, una hora después de los marxaires, porque si no llegaba el primero. En los dos últimos años, al suspenderse la prueba, he salido por la mañana», explica en su casa de Consell.

Herrero de profesión, José Luis se aficionó al atletismo hace unos 15 años, cuando un grupo de amigos de Consell montaron un club de triatlón. «Lo de nadar no lo probé, pero sí que hice algún duatlón, que consiste en carrera a pie-bicicleta-carrera a pie, pero tampoco me convenció mucho y entonces me he dedicado más a correr, aunque la bicicleta la uso como mantenimiento».

Más que una maratón

La distancia entre la calle Aragón donde se ubicaba el antiguo bar Güell y Lluc es de unos 47 kilómetros, cinco más que los de una maratón. «Mi récord está en 3 horas y 29 minutos», explica no sin cierto orgullo. «Todo el recorrido es en asfalto y lo peor es el final, la subida de diez kilómetros desde Caimari».

Aunque corra en solitario, durante el trayecto le acompañará en bicicleta su amigo Gabriel Montilla, quien le irá proporcionando los nutrientes necesarios para evitar un posible desfallecimiento. «Suelo tomar algún gel, bebidas con sales y mucha agua».

Casado con Cristina Isern, tienen dos hijos, Tomeu, de 8 años, y Lucía, de 7. «A él le gusta más el baloncesto, pero a veces me ha acompañado en bicicleta mientras corría, y a Lucía le va bastante más la gimnasia rítmica que correr». Entre el trabajo y la vida familiar, a José Luis no le queda mucho tiempo para entrenar. «Suelo aprovechar la primera hora de la mañana, antes de trabajar, y el anochecer, pero al no haber ahora carreras la motivación se ha perdido un poco», reconoce. Y cuando se le pregunta porqué corre, explica: «Es como una droga que cuando empiezas no puedes parar y si estás más de dos días sin correr el cuerpo se siente mal y te obligas a poder salir aunque sea media hora. Es una sensación de escapada, de libertad, desconexión de estrés y de trabajo cotidiano, y a la misma vez de superación para competir y estar bien contigo mismo». Y añade: «Ojalá pueda seguir haciendo esta carrera muchos años por mi madre».