La familia de Joan Arbona disfruta a tope de su vehículo de seis metros, más manejable que el anterior que tenía.

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Cuando los hijos dejaron de viajar con la caravana de Miguel y Lourdes, sus padres, el matrimonio decidió pasar a la autocaravana. Su primer viaje fue en 1992, a la Expo de Sevilla. Desde entonces, ya han tenido tres. Ahora se encuentran en Galicia, por un periplo que antes les llevó por Navarra, Cantabria y Asturias. Recorrieron más de 2.000 kilómetros. «En todos estos lugares hay muchísimas facilidades para aparcar, está muy bien montado. También para recoger agua, el químico... Estuvimos 22 días recorriendo el norte de España. Ya regresamos el día 20. Hemos visitado las cuevas de Zugarramurdi, San Sebastián, el Parque de Cabárceno... Me gusta viajar así porque vas a tu aire», afirma Miguel Escudero, que hace 25 años fue presidente de la asociación Club Caravaning de Mallorca, con más de un centenar de socios, y dirigida por Juan Bibiloni.

Porque te gusta

No es por ahorrar, como mucha gente puede pensar, sino porque le gusta. «Es más caro que coger un coche y un hotel. Es otra forma de vivir, con más contacto con la gente. También nos permite caminar. Llevamos una motocicleta en la autocaravana, que nos permite aparcar lejos de la ciudad y movernos con ella. Todo ha funcionado muy bien. En las grandes ciudades hay aparcamientos alternativos. Tampoco hemos tenido ningún problema con la COVID-19. Cada año salimos fuera. El año pasado estuvimos en la Toscana», añade.

En Mallorca hay contabilizadas casi 850 autocaravanas. Hay que diferenciar de la caravana (remolcada por un turismo) y las camper (furgonetas con su interior reconvertido y techo desplegable). Estas son las cifras que maneja Abaces, la Associació Balear Cultural de Temps Lliure i Autocaravanisme Es Siurell. Como Miguel, Roberto Parreño y Joan Arbona disfrutan de sus vacaciones con sus vehículos. «La tenemos desde hace cinco años. Es una caravana de arrastre que hemos ido restaurando. Prefiero viajar así, es algo que se tiene que sentir. La gente lo tiene muy idealizado. Es verdad que tiene su parte romántica, pero también hay que vaciar y llenar depósitos, la energía tampoco es eterna...», afirma Roberto, que ha hecho ‘la ruta de la COVID-19’, porque empezaron en el Pirineo aragonés y siguieron por el norte. Viaja con su pareja y con su hijo de año y medio. «Todos son ventajas, nos permite estar en la naturaleza, sin espacios cerrados, en un entorno seguro. Cuando llegamos a un sitio, por responsabilidad también intentamos conocer la gastronomía, comprar en comercios locales...».

Joan Arbona recorrerá 3.200 kilómetros en su autocaravana de seis metros (cambiaron su plan de pensiones por un vehículo de siete metros), desde Valencia a Andalucía, pasando por Portugal y llegando a Catalunya.

No es un turismo de pobres

Viaja con su mujer y su hija. Otras veces también ha conducido su hijo con su novia en un recorrido por Francia. «Estaremos fuera 15 días. Cada verano salimos, si podemos», señala. Juan, como otros muchos caravanistas, reclama un camping para caravanas en Mallorca desde hace años. «Cuando llego a casa, tengo la caravana aparcada. Hay un veto desde hace muchos años para hacer aquí un camping. Los de aquí, si queremos tener una vida en autocaravana, nos tenemos que ir fuera. No es un turismo de pobres, es otra forma de hacer turismo, nos cuesta un dineral».