El 'arte' de copiar

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Un aula antes de realizar el pasado jueves los exámenes de 'Fonaments de l’Art II' y 'Matemàtiques Aplicades a les Cièncias Socials II', con las mochilas y bolsos a la entrada.

Un aula antes de realizar el pasado jueves los exámenes de 'Fonaments de l’Art II' y 'Matemàtiques Aplicades a les Cièncias Socials II', con las mochilas y bolsos a la entrada.

13-06-2019 | M. À. Cañellas

Conociendo la naturaleza humana, no se sabe si fue antes el primer examen o el intento de responder a las preguntas haciendo trampas. Con el paso de los años y la explosión tecnológica, las ‘chuletas’ se han modernizado, aunque también coexisten las ‘analógicas’.

El pasado jueves 4.203 alumnos de Bachillerato de Baleaers terminaron de examinarse de la Prova d’Accés a la Universitat, aunque se le sigue conociendo como Selectividad. Por lo que contaban los alumnos, pocos por no decir ninguno se atrevió a infringir las reglas principalmente por dos razones que esgrimen Lluís Pujalte y Carlos Roca, dos alumnos del Lluís Vives. «Puede ser que tardes más en hacerte la ‘chuleta’ que en aprenderte la materia», explicaba el primero, y el segundo añadía: «Te juegas demasiado como para que te pillen copiando». Ambos aclaraban que nunca han recurrido a esos métodos, aunque sí que saben de compañeros auténticos expertos en la materia. «La forma más común de copiar es fotografiando las páginas del temario en el móvil y luego ponértelo entre las piernas e ir pasando las páginas», explican.

También existen otros utensilios como el bolígrafo con una hoja enrollable, aunque resulta demasiado aparatoso. Parece ser que el archifamoso bolígrafo Bic cristal de los años 80 y 90, en el que con una aguja se grababan las fórmulas más complicadas, ha desaparecido de las aulas. Este método igual resulta hoy en día demasiado arcaico, pero ninguno de los alumnos preguntados tampoco ha visto gafas de 3D, aunque sí que saben del uso de ‘pinganillos’. «Unos compañeros nuestros los usaron y al principio casi nadie sabía que lo hacían. El problema fue que utilizaron tanto este método que acabaron pillándolos», explicaban Blanca Buades y María Noriega, prácticamente exalumnas ya de Sant Francesc, antes del último examen.

palma 11:00 horas.

Andreu Rigo, Lluís Pujalte, Carlos Roca y Cristina Fernández, alumnos del colegio Lluís Vives, quienes relataron sus experiencias, casi todas teóricas, en el mundo de las ‘chuletas’.

La Selectividad impone sólo por el hecho de estar ya en las instalaciones de la UIB, fuera del hábitat conocido del colegio. Además, aquí la vigilancia es mucho más estricta que en los colegios o institutos.

Joan Antoni Mesquida es el presidente del tribunal de Selectividad y el secretario técnico de Accès a l’Universitat. «Este año hemos reforzado mucho la vigilancia para evitar que se copie. Ya vimos lo que pasó el otro día (en referencia al uso indebido de smartwatchs en una aula de Filosofia i Lletres, noticia publicada por este periódico el pasado miércoles). Personalmente he dado instrucciones a todos los profesores con la medidas a adoptar: Las mochilas y carteras se dejan a la entrada del aula, prohibidos cualquier tipo de reloj y en las aulas donde no haya relojes los profesores encargados de la vigilancia informarán cada rato del tiempo restante. En otros sitios se ha obligado a que las orejas estén despejadas, aunque nosotros no lo hemos hecho. De todas formas, al que va a copiar se le suele notar. Por eso hay dos profesores por examen y uno se coloca en la parte trasera del aula. De esta forma quien quiere copiar se tiene que mover mucho», explica.

Cristina Fernández, estudiante del Lluís Vives, que reconoce haber hecho algún ‘cambiazo’ en el colegio, asegura que a una chica que llevaba tapones para lo oídos se los hicieron quitar. Un rumor que corría estos días por al UIB es que se usaban inhibidores para anular el uso de dispositivos como los ‘pinganillos’. «No es cierto y además hubiera sido ilegal», matiza Mesquida. De todas formas, algunos alumnos se extrañaron de que desde el primer día de exámenes la UIB les dieran una hoja con los códigos de barras para poner en cada examen. «Es muy fácil apuntarte detrás cosas», comentaban.

En los centros de enseñanza secundaria las medidas no son tan extremas y además hay profesores ‘veteranos’ que no están al tanto de los últimos adelantos técnicos, circunstancia que es aprovechada por algunos alumnos. De ahí que el uso del smartwatch sea el método de copiar, junto a mirar el examen del vecino, más utilizado. «Hay otros que se lo curran mucho. Por ejemplo, hacen pdf’s de todo el temario y luego lo pasan a word. Así pueden disminuir mucho el tamaño de la letra, por lo que en poco espacio pueden meter gran cantidad de información», dice Carlos.

De todas formas, parece que lo que ha imperado estos días pasados ha sido lo que manifestó Andreu Rigo. «Es mejor sacar un 4 a que te pillen».

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