Brasil cifra en 26.130 kilómetros cuadrados la superficie destruida entre 2003 y 2004.

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AGENCIAS-BRASILIA
El nivel de deforestación de la selva amazónica en el año 2004 fue casi la peor que se ha registrado nunca, según cifras publicadas ayer por el Gobierno brasileño.

Activistas medioambientales se sorprendieron con las nuevas cifras, que fueron presentadas un año después de que el Gobierno brasileño anunciara un paquete de medidas de 140 millones de dólares para reducir la destrucción. «Se trata de una tragedia, una demostración de que se necesita hacer más por parte del Gobierno», aseguró el director del programa de Greenpeace para el Amazona, Paulo Adario. «Claramente, evitar la deforestación del Amazonas no constituye una prioridad del Gobierno por ahora», apuntó. «Intensificaremos nuestras acciones para combatir la deforestación ilegal en las áreas más críticas», declaró por su parte la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva.

Fotografías tomadas vía satélite e información registrada indicaron que propietarios de tierras, agricultores de soja y madereros quemaron y cortaron grandes extensiones, un récord de 26.130 kilómetros cuadrados de bosques tropicales en 12 meses, hasta el mes de agosto del 2004, según el Ministerio brasileño de Medio Ambiente.

De este modo, y según estos datos, la destrucción fue casi un 6 por ciento mayor que en el mismo período un año antes, cuando fueron destruidos 24.600 kilómetros cuadrados.

Por su parte, Greenpeace denunció que el mercado español tiene una «gran responsabilidad» en la destrucción de la selva amazónica pues, según la organización, las importaciones españolas de soja y madera proceden de regiones «asoladas por la deforestación y la tala ilegal».

En una nota, el colectivo ecologista aseguró que esta responsabilidad se agrava tras los nuevos datos de deforestación hechos públicos por el Gobierno de Brasil. El colectivo afirma que las importaciones españolas de soja y de madera proceden de los Estados de Mato Grosso y Pará, regiones amazónicas «asoladas por la deforestación y la tala ilegal», con lo que el mercado español es «cómplice» de la deforestación.