Técnicos japoneses inspeccionan los niveles de radiación de los alrededores de la central.

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EUROPA PRESS - TOKIO «Hemos creado un equipo especial de investigadores que se va a encargar de este asunto en tanto el empleado industrial sospechoso de negligencia se recupera de sus heridas», indicó un portavoz de la Policía de Ibaraki, la prefectura donde se encuentra la planta nuclear.

«Sospechamos que el trabajador violó la ley de reglamento de las instalaciones nucleares del país», dijo, precisando que los policías habían comenzado el interrogatorio de los responsables de JCO Co., una filial del grupo privado Sumitomo Metal Mining. La compañía JCO reconoció haber permitido, en un manual de procedimientos que no fue autorizado por los poderes públicos, la manipulación de uranio enriquecido en simples contenedores de acero.

Uno de los representantes de la compañía, Hideki Motoki, afirmó que «la sociedad ha funcionado durante cerca de cuatro años según normas que no se ajustaban a las obligaciones legales», tras cambiar el procedimiento de explotación sin la aprobación de las autoridades.

De esta forma, los empleados estaban autorizados a moverse en las cercanías del uranio en vías de fabricación en los contenedores de acero inoxidable. No obstante, Motoki matizó que «no está probado que estas excepciones al procedimiento sean la causa del accidente». Los expertos estiman que, aunque no sea causa de accidente, la utilización de contenedores de acero inoxidable ya demuestra negligencia en las medidas de seguridad.

La fuga de uranio, que tardó veinte horas en ser controlada, también ha puesto en evidencia la vigilancia ejercida por las autoridades sobre la industria nuclear. Desde el primer momento se habló de error humano, tras constatar que los técnicos vertieron 16 kilos de uranio en un recipiente con capacidad para sólo 2'4 kilos. Un total de 50 personas, entre ellas dos operarios de la fábrica que se encuentran en estado crítico, resultaron afectadas por las radiaciones.