El garbanzo mallorquín se ha visto afectado por el cambio climático.

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El número de hectáreas dedicadas al cultivo de garbanzo ecológico se ha reducido un 43% en cinco años. Una cifra que ha levantado la voz de alarma entre el sector que avisa del «declive» del cultivo de este producto.

La Associació de la Producció Agrària Ecològica de Mallorca (APAEMA) y la Associació de Varietats Locals han mostrado su preocupación por este descenso que explican se debe al cambio climático. «El régimen de lluvias y temperaturas ha cambiado y las agricultures que se dedican a este cultivo llevan algunos años de cosechas muy malas que han provocado o bien que no se pueda recolectar o que no se obtenga ni la semilla sembrada», explica Miquel Coll, presidente de APAEMA.

Con esta situación, «han sido los mismos productores los que han mostrado su inquietud». En solo cinco años el número de productores que cosechan garbanzo ecológico ha caído un 33%. En esta campaña, 18 agricultores han dedicado 34 hectáreas a esta siembra, de los cuales solo 7 tienen garbanzo para vender o simplemente, semilla para volver a sembrar. «Ya no compensa sembrar garbanzo mallorquín, pues la incertidumbre de sí se podrán o no venderse supone que algunos incluso pierdan dinero», matiza Coll.

En este sentido, Coll afirma que «los productores no quieren dejar de sembrar garbanzo, pues su cultivo ayuda a la tierra y la deja más fértil», por ello, «debemos buscar soluciones que palien este drástico descenso» que podría provocar, avisan, «la desaparición de la especie en pocos años». Entre las soluciones, seleccionar los tipos más aptos ante el nuevo escenario climático y avanzar la época de siembra (normalmente se hacía el mes de febrero). «Sin embargo, avanzar la siembra al mes de diciembre implicaría tener que adquirir maquinaria compleja para un trabajo más preciso para controlar la hierba, más fuerte que el garbanzo, y que pondría en peligro su cosecha», sentencia Miquel Coll.

El garbanzo mallorquín se sembraba antes en todos los municipios de la Isla siendo la variedad más extendida. De ciclo corto, necesita las lluvias de marzo y abril para crecer. El cambio en el régimen de lluvias y el aumento de las temperaturas ha sido el detonante que ha provocado esta nueva situación.

Por otra parte, el riesgo de erosión de esta variedad es también una mala noticia en el contexto actual, «donde la proteína vegetal es fundamental para transitar hacia una alimentación con una disminución del consumo de carne».