Este proyecto educativo policial se viene realizando desde hace ocho años. | Julio Bastida

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La Policía Local de Llubí ha puesto en marcha una nueva edición de la ‘Patrulla del chupete’, tras dos años de interrupción obligada a causa de la COVID 19. Se trata de un innovador método utilizado por los agentes policiales para tratar de enseñar educación vial a los más pequeños de una forma divertida y muy práctica.

Durante algo más de una hora y media, aprovechando el día de mercado en el municipio, un grupo de una veintena de escolares del colegio público Duran Estrany de la localidad, salieron a patrullar las calles del pueblo y sancionaron a más de una decena de conductores que infringían las normas de circulación. Los niños cumplimentaban los boletines de sanción y todos ellos eran ratificados por los agentes de la Policía Local que participaron en el operativo.

La reacción de los vecinos del municipio fue muy buena aplaudiendo la iniciativa y felicitando a los más pequeños por el trabajo que estaban realizando. Este proyecto educativo policial se viene realizando desde hace ocho años. «Ha sido muy bonito llegar a la plaza del mercado y ver a los estudiantes mayores, que actualmente van al instituto, encontrarse con la ‘patrulla del chupete’, de la que ellos fueron integrantes años atrás, acompañados por sus profesores y también por los policías», señala Diego Amor, jefe de la Policía Local de Llubí.

Prevenir el ‘bullying’

Desde hace varios años, el cuerpo policial del municipio llubiner se ha convertido en todo un referente en materia de seguridad educativa. Los escolares del pueblo fueron también pioneros en implantar un sistema de lucha contra el acoso escolar, con la finalidad de erradicar la pequeña conflictividad y potenciar la seguridad preventiva. Para ello se    seleccionó un grupo de alumnos    a los que el policía tutor realizó previamente una entrevista y les impartió un curso para aprender a detectar pequeños problemas.

Los ‘patrulleros escolares’, durante el tiempo del patio y de manera rotativa, se encargan de detectar la presencia de niños que juegan solos o están aislados, pequeños síntomas de bullying, también controlan los pasillos, los baños, conflictos, etcétera. Una vez finalizado el recreo, los ‘patrulleros’ se reúnen con la directora del centro, la jefa de estudios y el policía tutor y ponen en común la experiencia vivida. Los vecinos de Llubí ya pudieron comprobar la implicación del agente Diego Amor con el pueblo. Sus iniciativas policiales y de integración con los jóvenes han convertido Llubí en todo un referente a nivel