El aforo de vehículos en s’Illot se alcanzó antes del mediodía. A la derecha, la explanada de acceso a la playa de Manresa ofrecía un aspecto muy distinto al habitual. | Curro Viera

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La situación creada por la masiva presencia de caravanas en distintos puntos del municipio de Alcúdia parece mucho más controlada este fin de semana.

Tal como adelantaba Ultima Hora, el Ajuntament comenzó esta semana la vigilancia intensiva de varias de las zonas problemáticas cercanas a las playas, donde la presencia masiva de este tipo de vehículos había provocado preocupación por la saturación y por factores como el elevado riesgo de incendio que su presencia suele llevar aparejada.

Playas como Alcanada o la Victòria han sido durante lo que va de verano puntos calientes en cuanto a presencia masiva de bañistas y vehículos. Esto ha llevado a las autoridades locales a tomar una serie de medidas para controlar en aforo en estas zona en plenas restricciones debido a la pandemia. Por lo que se pudo ver ayer sábado, estas medidas han tenido éxito y han cambiado por completo el panorama en estos puntos calientes.

En sa Marina menos de media docena de caravanas permanecían este sábado en la zona. A media mañana resultaba relativamente sencillo aparcar cerca de la playa y esta presentaba una situación controlada, sin exceso de afluencia.

Pau, vecino de la zona, relataba cómo la de este año no ha sido una situación especialmente grave. En su opinión no ha habido en este verano muchos más vehículos de este tipo que en temporadas anteriores. «Quizá en algún día puntual han venido más de lo habitual, pero nada fuera de lo normal», sostenía. De lo que sí se quejaba es del comportamiento de algunos de los usuario durante su estancia por la zona, «lo que no veo bien es que invadan algunas zonas con trastos. Se supone que solo deben aparcar y no ocupar los alrededores de la caravana», afirmó.

En la playa de Manresa la situación no tenía nada que ver con la estampa de otros días. La estrecha calle que lleva a las calas estaba más tranquila cerca del mediodía. Dos miembros de la Policía Local controlaban el tráfico y vigilaban de cerca a los conductores que querían aparcar.

En particular la explanada de acceso a la playa ofrecía un aspecto radicalmente distinto de la multitud de caravanas que invadía el espacio días atrás. Unas piedras de gran tamaño impedían aparcar, ofreciendo a los visitantes una imagen mucho más ordenada.

Vigilancia

En otro de los lugares preferidos por los caravanistas, la Victòria, el aparcamiento permanecía libre de caravanas. Un poco más allá, en la zona de s’Illot, otro de los puntos más frecuentados en esta época del año, el aparcamiento estaba cerrado por haber cumplido el aforo permitido antes del mediodía. Los agentes mantenían su vigilancia en los márgenes de la carretera para evitar que los coches aparcaran fueran de los puntos permitidos.

Joaquín Cantalapiedra, regidor de Urbanismo, anunció recientemente la intención de unos particulares «de crear un aparcamiento especial para las caravanas, pero que en ningún caso se tolerará que se convierta en una asentamiento permanente».