El año pasado, el pino, que perdió la ‘ramera’, no tenía cesta ni gallo vivo, pero se colgó un pequeño gallo de madera. | Jaume Morey

Un año después de que Pollença decidiera, no sin cierta polémica, eliminar el gallo vivo que servía de premio en la tradicional fiesta de Sant Antoni, la cesta que contenía el gallo volverá a colgar de la corona del árbol.

El comité organizador de la fiesta estaba reunido el martes para decidir qué tipo de trofeo contendrá en su interior, además del habitual premio en metálico. El alcalde Miquel Àngel March, explicó que entre las posibilidades que se barajan está la de introducir un gallo de madera similar al que colgaba de la corona del pino hace un año.

«Creemos que la cesta tiene que estar arriba porque es importante para la gente que sube, pero no tendrá un gallo vivo sino algo simbólico», dice.

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19 metros

Esta es, junto con la menor medida del pino, una de las principales novedades que marcarán este jueves la tradicional Pujada al Pi de Sant Antoni en Pollença. Este año, el pino mide 19 metros para evitar que se repita el incidente de hace un año cuando el tronco se partió casi por la mitad al forzarlo para entrar en la Plaça Vella. Tras el susto de 2018 (dos jóvenes resultaron heridos, uno de gravedad) se ha creado un comité de expertos que ha trabajado para mejorar la seguridad de la fiesta.

Ha sido el comité el que ha fijado una altura máxima de 20 metros que a partir de ahora no se superará cuando, una semana antes de Sant Antoni, se selecciona tala y prepara en Ternelles el ejemplar que protagonizará la Pujada. El pino de mide 19 metros, mientras que algunas fuentes apuntan que el de 2018 rozaba los 22. Se han realizado pruebas de esfuerzo y habrá también cambios en algunos detalles como en el hoyo en el que se asienta.

«Se aplicarán técnicas para mejorar la seguridad», dice March. Para evitar el riesgo de incendios, la prohibición de tirar petardos se extiende de Ternelles a la carretera de Lluc.