Sergio Gómez posa con Filiprim, el gallo del Pi de Sant Antoni 2015. | Elena Ballestero

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Sergio Gómez, un joven masajista de 21 años, logró este sábado en apenas media hora coronar, con ayuda de su pandilla, la cima del Pi de Sant Antoni en Pollença. Repite la gesta que ya logró en 2011 y 2013 y ya le ha puesto nombre al gallo-trofeo.

El ejemplar se llama Filiprim, en homenaje a uno de sus amigos y ya le ha buscado un corral en su finca de Cala Sant Vicenç para evitar que se pelee con Toni, el gallo de la fiesta de Sant Antoni del año 2011. El de 2013 murió precisamente porque el gallo Toni no lo toleraba y esta vez no quiere correr riesgos. «Le hemos puesto un corral aparte», dice.

«La fiesta no sería lo mismo sin el gallo, a los míos nunca les hemos hecho ningún daño y la verdad es que creo que el gallo, que está dentro de la cesta, tiene que ser de verdad», dice Sergio Gómez, que recuerda que «años atrás la costumbre era invitar a los amigos a una comida de escaldums, pero ahora ya no se hace, le hacemos un sitio en el corral».

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Sergio Gómez recuerda cómo con 14 años intentó por primera vez subir al Pi de Sant Antoni. «Con catorce y también con dieciséis años conseguí llegar hasta la cuerda y ya en el año 2011 subí del todo», dice el joven. Gómez explica que «lo habitual es que se organicen las pandillas, nosotros vamos unos quince, y entre nosotros nos ayudamos, unos empujan un trozo, otros suben y otros intentan el tramo final, cada año cambiamos». ¿Por qué entonces este joven es ganador por tercera vez? «El que tenía que subir no pudo, yo solo tenía que subir el primer año, pero después de un rato si nadie lo consigue te llaman», dice Sergio Gómez.

Lo mismo le ocurría hasta que apareció Sergio Gómez a Miquel Àngel Torrandell, que cada año trepaba el pino tras horas de esperar a que algún otro joven lo coronara. «Antes lo enjabonaban mucho y tenían que ir a buscar a Miquel Àngel Torrandell para que subiera, ahora, desde hace dos o tres años lo enjabonan poco, demasiado poco diría yo», opina Sergio Gómez.

Sergio Gómez dice que «no hay truco, solo técnica» y asegura que «la he aprendido de ver cada año cómo lo hacen otros, desde bien pequeño».