La construcción de nuevas viviendas en la Font está paralizada desde la entrada en vigor del Pla Territorial.

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El Ajuntament de Pollença negocia con los propietarios de la Font un modo de desbloquear esta urbanización, considerada suelo urbano pero que carece de dotación de servicios. A diferencia de lo que ocurre con otras urbanizaciones como el Vilà o Cala Carbó, que fueron desclasificadas parcialmente por el Govern de les Illes Balears, una vez se complete la dotación de servicios de la Font (carece de alcantarillado) se podrá volver a construir legalmente en la urbanización.

El Ajuntament de Pollença ha convocado a los propietarios a una reunión el próximo sábado 23 de agosto en la que dará a conocer los detalles de un nuevo proyecto de dotación de servicios que estipula una inversión próxima a los 3 millones de euros. El Ajuntament de Pollença buscará un acuerdo para que los propietarios se repartan los costes de la obra.

La urbanización de la Font cuenta con 170 parcelas aunque muchas de ellas aún están sin edificar. Igual que otras urbanizaciones de la época, la Font carece de alcantarillado y funciona con pozos negros.

En 2011 un propietario llevó al Ajuntament a los tribunales por no haber completado el desarrollo de la urbanización desde que en los años 90 pasó del sistema de compensación (los vecinos son quienes desarrollan el proyecto) al sistema actual de cooperación (el Ajuntament debe hacerse cargo y después repercutir el gasto entre los distintos propietarios). Ha habido además otras denuncias posteriores basadas en argumentos medioambientales y no tanto urbanísticos y que advierten del peligro que supone para los acuíferos la falta de una red de alcantarillado.

Ante esta situación y teniendo en cuenta otros juicios paralelos en urbanizaciones como el Vilà, en los que el juez ha dado una reprimenda al Consistorio, el Ajuntament ha decidido tomar cartas en el asunto y buscar una salida negociada con los vecinos.

La construcción de la urbanización de la Font en Pollença no ha estado exenta de polémica todos estos años y es que agrupaciones ecologistas como el Gob han advertido reiteradamente del impacto visual de los chalets en la montaña.