En Lloseta se fabrica cemento desde mediados de los años 60. | Redacción Brisas

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Los 86 empleados de la planta de fabricación de cemento de Lloseta deberán tomar hoy una decisión que, en cualquier caso, acarreará una pérdida de sus derechos (ventajas) laborales. Se ha convocado a las 14 horas del mediodía una asamblea en la que cada empleado podrá votar si acepta o rechaza el preacuerdo que la compañía y el comité de empresa alcanzaron ayer tras reunirse, y que contempla una rebaja general del salarios del 25 por ciento. Si la mayor parte de trabajadores rechaza al preacuerdo, la empresa previsiblemente cerrará los hornos y reconvertirá la planta en punto de venta. Entonces, cabe deducir, que casi todos los empleados perderían su puesto de trabajo.

Según relató el secretario del comité de empresa, Joan Tugores, el preacuerdo contempla una rebaja del 25 por ciento del salario, en general. Dicho recorte se vería compensado por una nueva clasificación de las categorías profesionales que, en algunos casos, amortiguaría levemente la rebaja. Los mandos quedarán excluidos del recorte retributivo. «La empresa dice que el salario de los mandos es fruto de un pacto entre mandos y empresa», explica Tugores, por lo que restan al margen del régimen general.

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Asimismo, se contempla que la plantilla pierda pluses como el de desplazamiento o el de Nochebuena, pero se mantiene una retribución por trabajar en fin de semana. Este preacuerdo sería válido hasta el 31 de diciembre del año 2017. Si la empresa obtiene unos beneficios determinados, a partir de 2015 se podría incrementar un 2 por ciento el salario. «Es muy difícil de reconocer... es duro... Ahora cada trabajador decidirá», decía ayer Tugores, visiblemente afectado.

Bernat Coll, alcalde de Lloseta por el PSOE, expresó su solidaridad con los empleados. Y criticó la última reforma laboral de Rajoy: «Únicamente favorece a las empresas».