El arbol tiene propiedades curativas para los pequeños que padecen hernia. | Assumpta Bassa

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A las 6.20 horas, en el momento en que despuntaba el alba, la magia brotaba en Manacor. La tradición, en la finca de s’Hort des Correu, llegaba puntual en la madrugada de San Juan. El vimer centenario ponía al servicio de 22 pequeños sus propiedades curativas para los que padecen hernia. El ritual empezaba antes.

La familia Sureda lleva generaciones implicándose en esta ceremonia en la que la fe en la curación es un elemento imprescindible. Se determina en qué momento va a salir el sol y una hora antes se preparan y cortan por la mitad las yemas nuevas de los dos vimers. Ayer se cortaron 22, una rama para cada niño. Luego se asigna a cada padre un número y una cinta de diferente color que se pone en la rama. Cuando el sol empieza a salir, los miembros de la familia Sureda pasan a cada niño entre las ramas y frotan su ombligo con la savia del árbol. En este momento llegan los llantos, aunque ayer hubo algún valiente que se tomó el ritual como un juego y no soltó ni una lágrima. Una vez finalizado, los padres atan con una cinta de rafia la rama, que posteriormente se sella con barro. Si en un mes la rama brota entonces el niño se habrá curado. El ritual se conoce en toda la Isla. Ayer llegaron niños procedentes de diferentes localidades. El más pequeño tenía sólo tres semanas.