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Después de diez años de trámites administrativos, la Conselleria de Presidencia del Govern de les Illes Balears está a punto de autorizar la elaboración de vino Gargollassa y Giró Blanc, como vinos sin indicación geográfica. Muy a pesar de los cellers que llevan diez años luchando por la recuperación de estas variedades autóctonas que perdieron un día el pulso contra las foráneas, sólo se legalizarán como vinos de mesa. El consumidor que quiera probar estas variedades no encontrará en el mercado ningún vino que indique que las contiene. Para obtener vinos etiquetados de ambas variedades se tendrán que incluir en una denominación Geográfica como vino de Terra Mallorca o vino de les Illes Balears, abriendo un nuevo proceso administrativo, no inferior a cinco años.

Los bodegueros reclaman a la Dirección General de Agricultura del Govern de las Illes Balears «que se haga responsable de las irregularidades por las que ha pasado la autorización de estas dos variedades autóctonas, que publique en el BOIB la autorización y que apoye a los productores, haciéndose cargo de la certificación de estos vinos, ya que los cellers no podemos asumir más pérdidas».

Slow food

La asociación Slow Food Illes Balears, Bodegues Ribas, Vins Toni Gelabert y Vins Can Majoral celebraron ayer una cata de «vinos prohibidos de Mallorca» para denunciar lo que considera como una «censura» a los productos de la tierra. «Somos una asociación gastronómica, un movimiento internacional que se resiste al modelo agroalimentario agroindustrial que consume las gastronomías locales y supone una pérdida bioalimentaria», explicó la vicepresidenta de Slow Food, Maria Solivellas.

Solivellas manifestó el interés de su asociación por «destapar un debate que nos importa, que se conozca la postura que mantiene la administración ante nuestras variedades autóctonas, organizando una degustación de vino que es nuestro pero no nos permiten su comercialización».

Llorenç Payeras, técnico agrícola y erudito en variedades locales, defendió la «libertad en la alimentación de un pueblo que defiende su patrimonio alimentario y gastronómico porque así ha sido desde tiempos inmemoriales». En este sentido, denunció lo que considera como una «censura de nuestro patrimonio alimentario».