Tomeu Pericàs posa en su barbería de El Temple. | Pere Bota

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Ajeno al cambio de modas, al insaciable avance de la gentrificación y a la prisa que nos condiciona a la mayoría de nosotros. Así vive y trabaja Tomeu Pericàs (Palma, 1969), el último barbero clásico del barrio del Temple, en el Casc Antic de Palma. Anar fent que se dice en mallorquín. Su peluquería es un pequeño museo en el que en cada rincón hay un cuadro, un objeto o un cachivache al que se te van los ojos. Por su estética y por su historia. Una caja registradora de 1901 por la que le ofrecieron 6.000 euros o su último «capricho», como reconoce con placer culpable: una gramola estadounidense original de los años 60.

«El 22 de noviembre cumplí 30 años aquí», cuenta Pericàs desde la butaca donde se sientan sus clientes. El asiento tiene un cenicero en el brazo derecho, todo un signo de los tiempos. «Los primeros años fueron muy complicados a la hora de levantar el negocio. Sobre todo, por el tema de la seguridad. Muchas veces me tenían que acompañar por la noche para que no me pasara nada. De hecho, más de una vez varios clientes me llamaron en esa época para decir que no podrían venir porque los habían atracado. Solía pasar por la zona de las calles Sol y Socorrs. No me fui porque había invertido todo lo que tenía en el traspaso de la barbería. De hecho, vendí mi piso. Si hubiera podido mudarme al centro lo hubiera hecho», explica.

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El padre de Tomeu Pericàs, también barbero, a la derecha. Foto: PERE BOTA

El barbero explica que «si me das a elegir prefiero la situación actual a la de cuando empecé debido a lo peligroso que era 30 años atrás. Hace poco que desgraciaron el barrio al prohibir que entren los coches. Antes, esta plaza, incluso en momentos malos a nivel económico, estaba llena de gente. Ahora no hay nadie. Hay gente que se queja de los extranjeros pero en realidad ellos han renovado muchas casas que si no estarían hechas polvo y llenas de okupas».

«Estuve 28 años sin coger vacaciones. Trabajaba de lunes a sábado y al cumplir los 60 me cogí los lunes libre. Ya no acabo a las nueve o a las diez de la noche como antes», cuenta. A pesar de todo, Tomeu afirma con total seguridad que «si volviera a nacer, sería barbero».