Histórico. El restaurante El Bungalow lleva casi cuarenta años ofreciendo paellas a residentes y turistas y es un referente de gastronomía de calidad. Las plataformas que rodean el establecimiento son de uso público y, según la propiedad, se levantaron cuando no existía aún esta concurrida playa urbana. | Pere Bota

121

La amenaza de derribo del restaurante El Bungalow se cierne sobre la familia propietaria de este histórico negocio de Ciutat Jardí y advierten que si es necesario «nos encadenaremos para impedirlo». Un informe de la Demarcación de Costas de finales de julio ordena el derribo de este establecimiento por motivos medioambientales. Las paellas del restaurante El Bungalow podrían tener los días contados y la parada tradicional, en la que recalan tanto visitantes como residentes durante todo el año, pasará en breve a la historia.

El Bungalow sigue la misma estela que otros negocios tradicionales de Mallorca, como el restaurante El Peñón 1957 (también en peligro), así como la ya desaparecida terraza de Can Gavella o la piscina del Mar y Paz (Can Picafort).

La familia propietaria de El Bungalow denuncia que «vamos a luchar hasta el final y nos encadenaremos al restaurante si es necesario. Mi bisabuelo compró la casa en 1943 como regalo de bodas para mi abuela [Magdalena Oliver] y mi madre [María Pinya] obtuvo la licencia de restaurante en 1983», señala Maleni Bonet. La cuarta generación, formada por Laura Aguiló, acaba de coger las riendas del negocio familiar, pero tras la amenaza de derribo inminente, no sabe que será de su futuro.

«Es un negocio emblemático, que lleva casi cuarenta años en el barrio. Hemos sido cuatro generaciones de mujeres trabajando en el negocio durante décadas», señala Bonet. Ahora temen por los puestos de trabajo, entre ellos 10 empleos fijos de todo el año y otros nueve fijos discontinuos.
María Pinya, que comenzó a regentar el restaurante, no solicitó hasta hace un par de años la licencia de ocupación de costas: «Pensaba que con el título de propiedad de la vivienda le bastaba. Siempre hemos tenido los permisos de actividad y en sus tiempos la Ley de Costas permitía la actividad», cuenta la empresaria. La situación ha puesto contra las cuerdas a María Pinya, que a sus 85 años se encuentra en un delicado estado de salud y se siente responsable de la situación en la que se encuentra el negocio familiar.

PB140922008100.jpg
En primer plano, restos de un derribo de Costas y al fondo, el restaurante. Foto: P.Bota.

Bonet insiste en que «es la casa de mi bisabuela y siempre hemos querido regularizar la situación. Ha sido una casa que mucho más tarde obtuvo la concesión de licencia de restaurante y se están ensañando con los negocios familiares que están en la costa. El departamento de Costas está aplicando una ley de arrastre hacia los restaurantes de toda la vida. ¿Qué quieren? ¿Que queden solo beach clubs que gestionan extranjeros?», se pregunta la propietaria del establecimiento familiar.

La familia de Bonet siempre ha estado muy arraigada en Ciutat Jardí y contaba con tres pequeños hoteles en la zona, que luego se convirtieron en una residencia de ancianos y dos edificios de viviendas. El restaurante El Bungalow fue antes parte de uno de los establecimientos hoteleros. «Siempre se han acercado interesados en comprar el negocio. Te buscan para que vendas y las agencias llaman por teléfono interesadas», dice. Pero jamás han pensado en deshacerse de este inmueble, al que le une una vinculación familiar de décadas.

Según el escrito de alegaciones que presentó la propiedad El Bungalow de Ciudad Jardín S.L., «la construcción del edificio data de 1912 y fue una de las primeras edificaciones de Ciutat Jardí, formando parte del paisaje urbano-costero de la barriada». También consideran «falso que la ocupación solicitada sustraiga todo el ancho de playa para posibilitar un uso lucrativo y excluyente para el solicitante». De hecho, la familia propietaria señala que esta plataforma ha sido siempre utilizada por cualquier bañista. Por otro lado, en sus alegaciones, la propiedad del negocio familiar advierte que «no es un negocio clandestino, sino de sobra conocido por la Administración desde hace décadas, ya que abonan el correspondiente IBI».

Por otro lado, Costas alega que «la antigüedad de esta ocupación sin título no otorga más derecho, sino más bien al contrario, supone un reiterado incumplimiento de la normativa de costas, cuya permanencia solo se puede entender por la falta de medios materiales y humanos de que dispone la Administración».

Ahora la familia del restaurante El Bungalow tiene seis meses para proceder al derribo de la casa que acoge al restaurante. Bonet se pregunta «¿por qué en Andalucía o la Comunitat Valenciana se aplica de manera distinta la Ley de Costas?» y permite la presencia de negocios junto al mar similares al suyo, que tiene los días contados. Empieza una angustiosa cuenta atrás.

El apunte

Una casa construida en 1912 de cuando Ciutat Jardí comenzaba a andar

El edificio se construyó en 1912 y había sido una residencia junto al mar hasta que en 1943 fue adquirido por el bisabuelo de Maleni Bonet. En 1983 María Pinya consiguió la licencia de restaurante y desde encontes ha operado como tal, pagando los impuestos correspondientes, como por ejemplo el IBI. En fotografías antiguas de Ciutat Jardí se puede comprobar la existencia de este edificio en una zona donde era habitual la presencia de residencias de verano de los palmesanos y que fue ideado por el arquitecto Gaspar Bennazar, como ya lo era El Terreno.

La familia Bonet advierte que cuando se construyó la vivienda «no existía la playa ni existía la Demarcación de Costas. Hemos intentado normalizar la situación, pero no nos han dejado», cuenta con impotencia Bonet.