clientas en un minimarket del centro de Palma.

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No están en la milla de oro pero casi. En los últimos tiempos han aparecido por arte de magia multitud de pequeños comercios de alimentación que se están haciendo un hueco a codazos entre boutiques y marcas internacionales en las principales calles de Palma. Sin ningún complejo, estos locales se llenan de botellas de agua, alcohol y helados, también fruta. Quizás el caso más llamativo de los últimos meses ha sido el de la conversión de la tradicional Casa Vila en un supermarket, cuyo público objetivo es el turista que transita por el Casc Antic. El cambio resulta llamativo ya que precisamente el pequeño comercio está huyendo del centro por los altos precios del alquiler y la caída de clientela.

En la calle Paraires haciendo esquina con la plaza de la Reina, un pequeño supermercado acaba de abrir sus puertas en medio de la pandemia. A su lado hay locales cuyo alquiler asciende con facilidad a los 6.000 euros mensuales. «Está la cosa muy difícil», dice el responsable de este establecimiento que paga 3.500 euros de alquiler y además de la pandemia tiene que capear ahora el invierno. Las cajas de desploman de los 400 euros diarios a poco más de 100. «Está muy difícil pagar el alquiler», insiste.

PALMA. COMERCIO. La antigua Casa Vila reabrirá como supermercado.
La antigua Casa Vila, ahora un pequeño supermercado. FOTO: G. Marchena

En la calle Sindicato está Faslo Rajman, de Bangladesh. «Estamos abiertos de nueve de la mañana a diez de la noche, toda la semana», dice en un precario castellano. Agua, bebidas y alcohol son los productos más vendidos. En la Costa des Teatre está Chaban supermercado, regentado por indios, mientras que en la calle Unió hay otro supermercado de origen bangladesí. «No hay trabajo por la COVID, así que mucha gente ha abierto un supermercado. Pero esto no funciona», dice Diabu, un veterano del comercio de ropa que cerró su tienda de ropa del Arenal.

Eclosión

Por su parte, Toni Fuster, presiente de Pimeco, ha señalado que «estas tiendas de alimentación suelen estar regentadas por hindúes, pakistaníes o bangladesíes que comenzaron en las barriadas». El salto al centro le resulta sorprendente ya que «un alquiler de 3.500 euros es mucho dinero para un producto que apenas tiene márgenes».
Fuster vaticina que a muchos de estos locales «les quedan dos telediarios Es imposible cubrir gastos solo vendiendo agua». Advierte que ha habido un boom en el centro, «en la calle Sindicat han abierto seis minimarkets como mínimo».

El apunte

El precio del alquiler del centro, un gran problema

La mayoría de la clientela local suele decantarse por otro tipo de establecimientos como grandes supermercados, fruterías tradicionales o los mercados municipales. El presidente de la patronal del pequeño comercio, Toni Fuster, cree que «estos comercios tendrían más futuro en los barrios, donde el alquiler es más bajo».