Maribel Alcázar acaba de asumir el cargo de presidenta de la Federació de Veïns de Palma. | Pilar Pellicer

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La nueva presidenta de la Federació de Veïns de Palma, Maribel Alcázar, conoce en profundidad la Administración: ha sido funcionaria del Ajuntament de Palma durante 34 años como técnico sociocultural, además de trabajar en el tejido asociativo y candidata a Cort de Guanyem Palma. Presidenta de la Associació de Veïns de Son Rapinya, se jubiló en 2020 como técnico de Participació Ciutadana. Dice que «el movimiento vecinal es mi lugar natural».

¿Cómo es la relación de la Federació con Cort?

—La Federació tiene que ser independiente de los partidos. Lo que no significa que no tenga posiciones sobre las políticas ciudadanas de todos los temas de su competencia, que como organización territorial son todos. Para mí, el acuerdo o el antagonismo con el gobierno está en actuaciones concretas.

¿Podría poner un ejemplo?

—El tema de la cantera de de Establiments. Formamos parte de la plataforma ciudadana que está en contra y que plantea que no se reabran esas canteras. Si se conceden las licencias estaremos enfrente. Si no se conceden las licencias, aplaudiremos.

¿Son incómodos para Cort?

—Somos la mosca cojonera. Las relaciones con el equipo de gobierno son incómodas, por ambas partes. Pero es que no pueden ser de otra manera. Otra cosa es que haya predisposición a tener en cuenta esa participación vecinal. Las relaciones serán siempre incómodas porque el gobierno solo quiere que le dejes tranquilo.

¿Qué les parece Nuredduna?

—La Federació tiene una posición más matizada de la que se está sacando. La peatonalización en si misma no es el problema. No nos vamos a quedar sin ir al mercado ni aparcar. Sí que ha habido una serie de fallos en la participación. Es necesario hablar y matizar aspectos. Pero no hemos hecho oposición frontal y no creemos que deba hacerse. De hecho, habría que preguntar directamente a los vecinos de Nuredduna, que están contentos.

En Palma parece que se temen las peatonalizaciones.

—Se tienen que hacer preveyendo lo que provocan, por ejemplo, en temas de aparcamiento. En Nuredduna hay un párking para los vecinos. También hay que tener en cuenta los planes de usos. Este es el debate: el cumplimento real de esos planes para que Palma no sea una terraza inmensa. Mucha gente se pone tensa.

Pere Felip peleó durante años contra la peatonalización de la calle Fábrica. ¿Tenía razón?

—La gran lucha es la terraza, el uso y el abuso. Incluso durante la pandemia. En la calle Fábrica pero también en la Lonja, donde existe el derecho al descanso.

¿Qué propone para el turismo de la ciudad?

—Hay que diversificar la economía y redimensionar los cruceros. Vamos a abrir sin replantearnos las cosas. La Federació consiguió la limitación de las terrazas de los bares y eliminar el mobiliario fijo. Ahora vuelven a ocupar zonas de aparcamiento.

Uno de sus triunfos fue la limitación del alquiler turístico

—Hay inspecciones pero no hay multas. En el alquiler turístico nos consta que no ponen multas, que son mínimas. Si no se están cobrando las de la pandemia...

¿Hay impunidad?

—Un bar puede abrir solo con la declaración responsable. Y es un negocio lucrativo. Como asociación de vecinos tengo que justificar la compra del celofán, con la firma y el DNI del comerciante para no cometer un fraude.

Tienen voz en Urbanisme.

—El Plan General de Ordenación Urbana va con retraso y en unos meses se pondrá a exposición pública. Vamos a participar activamente y con criterio. Necesitamos estar preparados para tener una visión de ciudad de futuro y colectiva. Cada asociación estudiará su territorio y contamos con el apoyo de técnicos.

¿Y los retos internos?

—Queremos incidir en la violencia de género con actividades educativas. La mujer es una gran participante en las asociaciones y conocemos muchos casos de vulnerabilidad. Muchas están dirigiendo entidades.

¿Ha hablado ya con el alcalde José Hila?

—Me llamó el mismo sábado de las elecciones. Con el regidor Alberto Jarabo, que fue mi jefe hasta que me jubilé, he pedido una entrevista. Estamos pendientes de la convocatoria de las subvenciones para las asociaciones y queremos hacer un estudio sobre lo que representa el movimiento vecinal en puestos de trabajo y economía productiva. El 20 por ciento de las subvenciones que recibimos las devolvemos al pagar impuestos y otro 50 van para contrataciones directas.

Adaptación sobre la marcha

En la pandemia las asociaciones tuvieron que adaptarse a toda velocidad. «Anulamos fiestas, sopars a la fresca (en la imagen) y actividades pero no nos detuvimos. Hemos hecho un ejercicio de solidaridad, como repartir comida y medicinas a los mayores, para que la gente supiera que estábamos allí», dice Alcázar.