La drástica reducción de turistas el pasado verano contribuyó al gran descenso en el consumo de agua. | Ultima Hora

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Emaya dejó de ingresar el año pasado más de cinco millones de euros, en relación a 2019, con motivo de la bajada del consumo de agua en el municipio durante el primer año de la pandemia del coronavirus.

Esta reducción del consumo de agua fue insólita. Desde la empresa se asegura que no se había dado nunca de un año para otro y, de hecho, hay que remontarse a 2009 para ver cifras inferiores de consumo en los meses de temporada alta y hasta 2013 en el caso de la temporada baja.

En concreto, esta merma de ingresos económicos para la empresa fue de 3,8 millones (un 15,23 % menos) por el consumo de agua. De los 25,1 millones ingresados en 2019 se pasó a 21,3 millones en 2020. A eso hay que añadir 1,2 millones menos recaudados (hasta un 16,11 %) por el alcantarillado, ya que una parte de la tarifa del alcantarillado está relacionada con el consumo de agua: cuanta más se usa más se paga por alcantarillado. En 2019 se recaudaron por este concepto 7,7 millones, mientras que el año pasado se quedó en 6,5 millones.

Según informa la empresa municipal, el año 2020 comenzó con un ligero incremento del consumo (casi estable en enero y un poco más acentuado en febrero, posiblemente relacionado con la falta de lluvias). A partir del estado de alarma comenzó un importante descenso del consumo, que fue especialmente marcado en junio, porque el año anterior por esas fechas ya se estaba en plena temporada turística y, en cambio, en 2020 no hubo casi actividad. El consumo de ese mes de junio se situó aproximadamente al mismo nivel que el de la primera quincena de marzo, antes de la declaración del estado de alarma.
Durante todos los meses de temporada turística el descenso fue importante en relación al año anterior (entre el 12 y el 17 %).

Presión humana

Así, en el conjunto del año se pudo observar una estabilización del consumo del agua en Palma. Mientras que cualquier año normal se producen importantes incrementos con el inicio de la temporada turística, el pasado año el consumo se mantuvo casi estable, con una subida mucho más ligera de lo habitual entre mayo y octubre.

Aun así, se trata de un descenso menos importante que los que han tenido algunos municipios turísticos. En Palma el incremento porcentual de presión humana entre el invierno y el verano no es tan importante como en los municipios pequeños, porque la población propia se mantiene estable y tiene, al ser una ciudad grande, mucho más peso.