Greta Thunberg, en una imagen de archivo durante un acto en los Estados Unidos, poco antes de emprender el viaje de regreso a Europa para participar en la Cumbre del Clima de Madrid. | Reuters

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Mucho se ha hablado sobre el «efecto Greta Thunberg» y lo que va a aportar su intervención en la Cumbre del Clima de Madrid. Mucho es ya lo que ha conseguido ya esta niña sueca convertida en activista medioambiental desde que su aparición llamara la atención de todo el mundo hace ya algún tiempo. Pero ¿sabemos quién es Greta Thunberg? Hagamos un poco de memoria.

Hasta el verano del año 2018 Thunberg era una adolescente más. Una adolescente especial −nunca ha ocultado su Asperger−, con inquietudes aunque con una vida bastante común. Ese verano todo cambió. En agosto decidió que no podía esperar más, que debía pasar a la acción puesto que su país y todo el planeta estaban haciendo oídos sordos a lo que ella denomina «crisis climática».

Fue entonces cuando Greta Thunberg, con el beneplácito de sus padres, aparcó los estudios e inició una huelga semanal frente al parlamento sueco para pedir el compromiso de las autoridades a favor del medio ambiente y de la sostenibilidad. Con un cartel se plantaba Greta cada viernes ante la sede de la soberanía del pueblo sueco para reclamar lo que pensaba que era necesario. Pronto muchos ojos se fijaron en ella, y lo que empezó como una acción individual tomó visos de movimiento.

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Antes de ello Thunberg se había aplicado el cuento y había promovido un cambio de mentalidad y de hábitos en su propia casa. Desde que su hija lo impulsó, la familia trató de minimizar el impacto de su huella de carbono, y por ejemplo empezaron a dejar de utilizar medios de transporte contaminantes o de consumir carne.

De aquellos Viernes para el Futuro en el que cada vez participaban más activistas Thunberg se dirigió a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2018. Ese fue su primer gran escaparate a nivel mundial, y su forma de dirigirse a los hombres y mujeres más poderosos del mundo, sobre la necesidad de actuar ya y echar el freno, sorprendió y recabó aún más simpatías. En paralelo también empezaron a circular algunos bulos y desinformaciones sobre su persona y su familia, a los que la joven activista parece hacer oídos sordos.

Su movimiento se hizo viral y mundial. Se organizaron huelgas estudiantiles por todas partes, y protestas simultáneas y coordinadas con millones de alumnos. Más allá de las redes sociales, su cara apareció en importantes escaparates de la prensa más tradicional, como la portada de la revista Time. Siguieron los parlamentos y conferencias, por ejemplo, en el Foro Económico Mundial, o ante el Comité Económico y Social Europeo y la Asamblea francesa.

Tan solo un año después de iniciar su batalla, Greta Thunberg cruzó el océano Atlántico por primera vez a bordo del velero Malizia II, de Pierre Casiraghi, con la intención de llegar a Estados Unidos para participar en la Cumbre sobre la Acción Climática de Nueva York, así como seguir difundiendo su mensaje de coincienciación y necesidad de acción real. Tras dejar huella en la cumbre la activista se embarcó de regreso a Europa, en esta ocasión en el catamarán La Vagabonde, con destino a las costas portuguesas, y poder desplazarse así hasta Madrid para participar en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2019 (COP25).