Estudiantes del colegio mayor del vídeo de la novatada defienden a sus compañeros expulsados | R.S.

TW
18

Estudiantes residentes en el Colegio Mayor Universitario Diego de Covarrubias de la Universidad Complutense de Madrid consultados por Europa Press muestran su apoyo a los dos compañeros protagonistas de un vídeo que esta semana se hizo viral, donde uno de ellos propinaba un bofetón a una joven en una novatada. Una secuencia que ha provocado la expulsión de ambos durante dos semanas.

El «juego» donde los jóvenes debían abofetearse en la cara con las manos llenas de crema de afeitar se denomina «hacer un 'williams» en este colegio mayor madrileño, y forma parte de las pruebas a las que someten los veteranos del centro a los estudiantes recién llegados. «Y se hace con crema en las manos para no hacer daño», defiende una residente.

«Yo las pasé, las pase bien y aquí sigo», afirma uno de los estudiantes residentes restándole importancia al suceso. «Se hacen muchos juegos, en los que hay un punto de que puede pasar algo pero nunca pasa, para que tengan un poco de gracia, y no sea uno tan correcto», añade.

Noticias relacionadas

La mayoría de los jóvenes que residen en el Diego de Covarrubias prefieren no hablar tras la exposición mediática de esta semana. Y quién lo hace critica la repercusión informativa que ha tenido el vídeo. «Se han cargado las tradiciones», se queja una estudiante que cumple su segundo curso en el colegio mayor. «Somos una familia», proclama para defender el ritual de las novatadas.

Para esta joven, que habla sin querer desvelar su nombre, las novatadas ayudan a conocer al resto de compañeros del colegio y afirma que a ella le permitieron integrarse desde el primer día tras llegar a Madrid desde otra ciudad. Además, asegura que tanto en el colegio como en la Universidad Complutense toleran las novatadas, porque niega que sean violentas o humillantes.

Dentro del colegio mayor, los jóvenes dicen haberse solidarizado con los compañeros expulsados, y que la duda que sobrevuela es quién difundió el vídeo. «Esa es la pregunta que todos nos hacemos», admite otra de las residentes de un centro con más de un centenar de estudiantes.