Los ritmos circadianos parecen ser la clave de la disputa que mantienen algunos expertos sobre el cambio horario. | Efe

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Las personas con patologías, las mascotas, los bebés lactantes y la producción de leche de las vacas son de los grupos más afectados por el cambio de hora, según el neurobiólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Ricardo Martínez Murillo, que ha añadido que, sin embargo, afecta más la modificación horaria del verano que la del invierno, cambio que se efectuó en España la pasada madrugada para retrasar una hora los reojes.

Horas de luz

Así, Martínez Murillo ha explicado que a la población «normal», sin una característica o patología especial, «no tiene por qué afectarle» el cambio de hora, que en realidad es una alteración brusca del ritmo circadiano, es decir de las horas de luz y oscuridad.

En este contexto, ha señalado que animales en instalaciones controladas, como los centros de investigación animal del CSIC se procura someter a los animales a un ciclo de oscuridad y luz constante, algo que califica de «muy importante para evitar cambios de comportamiento». Sin embargo, los animales que viven en libertad no les afecta, mientras que a las mascotas «sí» pueden afectarles. Por el contrario, otros expertos aseguran que el cambio de hora tendrá efectos «casi imperceptibles» en el organismo y supondrá un ahorro de energía menor que poner burletes en las ventanas.

Investigación del sueño

«Adelantar el reloj una hora tiene un efecto mínimo y sin ningún tipo de consecuencias para la inmensa parte de la población», ha asegurado el director del Instituto de Investigaciones del Sueño, Diego García-Borreguero. La mayoría de la población se adaptará al nuevo horario en «uno, a lo sumo dos días», y algo más en el caso de los niños más pequeños y los ancianos, porque las estructuras cerebrales encargadas de regular el ciclo sueño-vigilia «son algo menos flexibles», ha asegurado.

Sobre el ahorro de energía, el presidente de la Asociación Española de Fabricantes de Iluminación, Rafael Barón, aseguró que el cambio de hora en verano permitió reducir un 9,8% el consumo de iluminación en los hogares, lo que supuso un ahorro energético de 1.780 Gwh/año.

«Precisamente, es el ahorro energético lo que realmente importa por encima de los resultados económicos porque, por muy pequeño, siempre será bienvenido», alegó.