La playa de Tanji, el principal mercado de la pesca de la costa gambiana, desde donde también se ha detectado la salida de esos grandes cayucos cargados de emigrantes irregulares. | A.R.

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El ministro del Interior de Gambia, Siako Sonko, tuvo un problema médico durante sus escalas aéreas para viajar de Suiza a Gambia. En Casablanca, empezó a respirar mal y tenía dolor en el pecho. El doctor mallorquín Xavier Julià le inspeccionó durante su visita en el centro sanitario de Sanyang, donde está el equipo mallorquín de la Fundación SOM operando y curando durante una semana. Sonko es uno de los hombres de confianza del presidente del país y es la voz que responde a uno de los problemas que más preocupa al Gobierno de este país africano: la proliferación de las salidas irregulares en patera desde sus costas.

Sonko forma parte de una mesa de negociación, junto a países del África occidental, como Senegal, Ghana y Mauritania, con la Unión Europea para frenar la avalancha de cayucos y localizar a las mafias detrás de estas rutas mortíferas. «Cada mes salen de nuestras costas 300, o incluso 400, personas por mar. Viajan a España y a países como Italia. Pero estamos colaborando con la Guardia Civil española para que patrullen nuestras playas. La semana pasada pillaron un bote que salía con centenares de personas», explica el ministro durante la entrevista en exclusiva con Ultima Hora.

Un total de doce agentes de la Guardia Civil vigilan la playa de Tanji, el principal mercado del pescado del país. Es difícil detectar los cayucos, de grandes dimensiones, preparados para recoger la pesca de los que llevan personas que pretenden huir hacia Europa.

El Gobierno de Gambia quiere atajar esas salidas a toda costa. Siako Sonko asegura que «mucha población joven no quiere trabajar, y precisamente lo que pretendemos es que aquí se incentiven los trabajos agrarios -una de las principales fuentes de ingreso para Gambia, por detrás del turismo- y que no vean Europa como una solución».

Campaña contra las salidas

España es uno de los países que destinan a Gambia infraestructuras tecnológicas para detectar las salidas irregulares, como por ejemplo cámaras de infrarrojos. Además, el Gobierno gambiano está trabajando con los países europeos para crear campañas disuasorias para frenar el deseo que les motiva a jugarse la vida en las rutas marítimas. El ministro contabiliza «centenares» de muertes al año y «más de 3.000 salidas en cayucos».

El ministro del Interior, Siako Sonko, visitando a los mallorquines sanitarios de la Fundación SOM. Foto: A.R.

En una reunión reciente con España e Italia, grandes receptores de esta inmigración irregular, el ministro Siako Sonko propuso que se hicieran vídeos y se capturasen imágenes de «la realidad de los gambianos que llegan al nuevo continente. Con esa información, desde nuestro país podríamos enseñar cuál es la realidad. Se piensa que en España ganar dinero es rápido y no es así. De cada 100 que llegan, uno consigue dinero y un trabajo, pero el resto no, lo que propicia situaciones violentas e incluso delincuencia, porque tienen que buscarse la vida», detalla.

Repatriaciones

Las llegadas desde Senegal y Gambia a Canarias, hacia el Estrecho y a Balears representan este año un 17 %, mientras que los años pasados suponían menos del 2 %, según datos policiales recogidos por la agencia Europa Press. Las autoridades consiguen repatriar a sus países de origen a una veintena de los recién llegados, un número muy inferior si en un mes pueden salir centenares de africanos en patera.

«Las repatriaciones empeoran la situación del propio gambiano, que tras varios días en el país nuevo vuelve aquí sin nada, sin documentación, ni dinero, lo que dificulta que nosotros sepamos identificarlos y ellos tienen más problemas para volver a trabajar porque son rechazados por su propia sociedad», apunta el ministro Siajo Sonko.

En los últimos años, la Unión Europea ha dificultado a Gambia la solicitud de visados para los estados miembros del Espacio Schengen. A pesar de la negativa de países como Alemania, que prohíbe la entrada de los deportados, las autoridades gambianas tratan de buscar acuerdos «seguros» y por eso señalan como solución la reapertura de las vías legales. En este sentido, Sonko explica que las agencias de cooperación podrían garantizar «la seguridad legal en un país europeo» para los gambianos que desean ir a Europa.

Aunque los acuerdos van a ritmo muy lento, y no gustan a la UE, en Gambia preocupa la alta tasa de desocupación. Un gambiano, hoy, no tiene posibilidades de trabajo. Hay una escasez de oportunidades que impulsa a los jóvenes a huir a otros destinos más prósperos. Y, sin embargo, el territorio africano mira hacia la agricultura como solución al paro juvenil. Pero la realidad, a ojos de Sonko, que asegura conocer de primera mano lo que pasa en su país aunque ha vivido durante 20 años en Inglaterra, es que «las zonas rurales, donde hay más riqueza natural, se salvan por la gente mayor. Los más jóvenes no quieren trabajar en el campo».