Marga cuida con esmero los detalles de sus casas para que los inquilinos se sientan lo mejor posible; incluso les deja detalles si sabe que alguno de ellos celebra el cumpleaños. | Xisca Bauçà

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«El alquiler turístico es la salvación de muchos pueblos». Así de claro lo tiene Marga Ribot, que alquila a través de Airbnb las dos casas que tiene en Petra; ella ahora también vive en un piso arrendado. «Los propietarios que destinamos nuestras viviendas al alquiler vacacional compramos las toallas, las sábanas y todo lo que necesitamos para equipar las casas en las tiendas que tenemos al lado; y los turistas van a los comercios y restaurantes del pueblo. Si no fuese por esto, muchos habrían tenido que cerrar hace tiempo», argumenta.

Además, explica que poner sus propiedades en la citada plataforma de alquiler vacacional le ha permitido no tener que venderlas. «Es muy costoso mantener dos casas», asegura. También pone de manifiesto otro motivo muy importante que la llevó a introducirse en este tipo de economía. «Mi madre es alemana y en 2008 comenzó a sentirse muy sola y depresiva; entonces, yo decidí traérmela a vivir a mi casa y para poder mantener su vivienda decidimos arrendarla».

¿Por qué no alquila como vivienda habitual?

Preguntada por qué no se decantó por alquilarla a residentes, responde que no podía desprenderse de su propiedad durante mucho tiempo porque no sabía si su madre tendría que volver. Además, añade que «un alquiler de larga estancia no te reporta tantos beneficios y existe el riesgo de que los inquilinos dejen de pagarte y no puedas echarlos».

Marga baja las escaleras de una de las casas que alquila en Petra
Marga baja las escaleras de una de las casas que alquila en Petra.

Unos años más tarde, Marga dio un paso más y decidió arrendar su casa e irse a vivir a una alquilada. Para ella, el alquiler vacacional ha sido una salvación, ya que confiesa que ha estado «asfixiada por las deudas», hasta el punto de que se ha planteado venderlo todo. Sin embargo, sus propiedades tienen un gran valor sentimental para ella, por lo que le resulta muy duro desprenderse de ellas.

Por todo ello, esta mujer de 43 años es una defensora del alquiler turístico, ya que insiste en que para ella ha sido una salvación, así como para los pueblos, especialmente los pequeños y del interior de la Isla. Aunque ella trabaja (es administrativa), asegura que los ingresos que le reporta arrendar sus inmuebles le permiten llegar a fin de mes y hacer frente al pago de sus deudas.