Foto de archivo de la silla de Maceo, en el Museu Mallorca.

TW
0

Desde aquí, vaya mi agradecimiento a Tomeu Sancho, nuestro hombre en La Habana –como cariñosamente le llamamos desde la primera vez que nos guió en un viaje que hicimos a Cuba, concretamente a Palma Soriano, año 1991, cuando estábamos escribiendo en libro Palma, ciudades y pueblos en el mundo. Sí, mi agradecimiento por contar lo que no se ha contado: que la silla de Antonio Maceo está en Cuba gracias a que Ultima Hora la halló en un especie fe trastero que había –y puede que siga existiendo- en el Museo de Mallorca.

En los años 95 y 97 del siglo pasado, con el fotógrafo Joan Torres, estuvimos varias veces en Cuba. El diario había decidido publicar, con motivo de los cien años de la pérdida de las colonias españolas en Ultramar, tres extensos reportajes en la revista Brisas, por lo que tuvimos que viajar a Cuba, Filipinas y Puerto Rico, empezando por el primero.

Sobre conocer datos de la independencia de Cuba nos ayudó mucho el profesor Marimón. Nos habló de Antonio Maceo y Luis Martí, la fuerza y la inteligencia de la revolución contra España. Nos habló también de Demajagua, donde Céspedes, haciendo sonar la campana, y a gritos de ¡Viva Cuba libre! –grito que pasó a la Historia como grito de Baire-, no solo dejó en libertad a los esclavos que tenía, sino que, además, los armó, enfrentándose al día siguiente, en la localidad próxima de Valmaseda, al ejército español. Y nos habló, naturalmente, de Antonio Maceo, llamado El Titán de Bronce, jefe del ejército mambí, y, naturalmente, de Weyler. Y a todo eso nos lo volvieron a contar cuando visitamos la casa de Céspedes, Palacio de los Generales, campo de San Pedro, casa de Maceo en Santiago…

Ya en Cuba, estuvimos en Santiago, en la casa natal de Antonio Maceo. Allí, entre sus muchos recuerdos, nos empapamos de su vida y obra, así como de la gente que comandaba, los mambises. Estuvimos también en el campo de San Pedro, donde el general mallorquín le derrotó, llevándose como trofeo su silla de montar y la de campaña. Vamos, que tocamos la historia con nuestras manos. Quiero decir que no nos la contaron, ni la hemos leído. La sabemos porque estuvimos allí, en los escenarios que se desarrolló.

No sé qué cubano, pues hablamos con muchos, nos dijo que Weyler se había traído a Mallorca tres trofeos: la silla de montar a caballo de Maceo, su machete y su silla de campaña, hecha de un tronco de Palmera.

Una vez en Palma, busqué esas tres cosas, pero fue en vano. Un día hablé con Sebastià Serra, uno de los padres de la Democracia Balear, y profesor de la UIB, y me dijo que «a la silla de montar de Maceo, Felipe González se la entregó a Fidel Castro, del machete no tengo ni idea, y de la silla de campaña, que creo que estaba expuesta en la Jefatura Provincial del Movimiento, al ser sustituida la Dictadura por le Democracia, y convertirse la sede de aquella en sede de esta, todo lo que olía a franquismo, o fue destruido, o se perdió, o se distribuyó en distintos sitios. Por eso –insistió Sebastià-, yo de ti miraría en el Museu de Mallorca».

Tras darle las gracias a Serra, contacté con Rosselló Bordoy, por entonces director del Museu. Me atendió muy amablemente. Le pregunté por la silla y me llevó a esa especie de trastero. «¿Es esto lo que busca?», me dijo, mostrándome una silla echa de un tronco de palmera. Tras darle la vuelta, vi que en el respaldo llevaba grabada la bandera de Cuba y dos iniciales, A. M., Antonio Maceo, sin duda.

Hice las fotos y fui al Ajuntament, donde se celebraba un Pleno presidido por Joan Fageda. Discretamente, me acerqué hasta donde estaba Pep Carles Tous, concejal de Cultura, y le dije que había encontrado la silla de Antonio Maceo, en el Museu de Mallorca. Tous me miró como quien mira a un marciano. «¿Maceo…? ¿Quién es este señor…?». No tenía ni idea, por lo que deduje que de la silla, menos todavía.

Escribí el reportaje, y al día siguiente, una vez publicado en Ultima Hora, recibí la llamada de un cubano emigrado a Miami, que me dijo que un grupo de compatriotas, seguidores de Más Canosa, se desplazaba a Palma para ver la silla de Maceo y negociar con el Ajuntament para llevársela a la Pequeña Habana, donde sería recibida con todos los honores. Avisé a Pep Carles Tous, el concejal, por si le interesaba asistir al encuentro cubanos -silla de Maceo y… ¡Y vaya que si le interesó! como que estuvo en el museo a primeras horas de la mañana. Por cierto, Rosselló Bordoy tuvo la gentileza de sacar la silla del trastero y colocarla en el hall del edificio, sobre un pedestal. Llegaron los cubanos de Miami, hablaron con Tous, este les dijo que la silla no se podía ir a ningún sitio, que antes tenía que ver como estaban las cosas…Y se la llevó a su despacho de Cort, donde semanas más tarde la vi metida en una urna poliédrica de metraquilato.

¡Ah! , debo decir antes de continuar, que desde el Miami Herald me llamaron por la noche y me entrevistaron sobre la silla. Me llamaron a mí, no al concejal de Cultura o al alcalde de Palma. A mí.

Tiempo después, si mal no recuerdo, cuando la responsable de Cultura era Carmen Feliu, la silla paso al Castillo de San Carlos, por entonces dirigido por el teniente coronel Durán, de grato recuerdo por la gran labor que hizo en aquella fortaleza. Fue a raíz de cuando se creó en la misma una sala en honor a Weyler, a la que él dedico muchas horas, y… Pues sí, ¿qué mejor que ahí, no…?

Nadie nos mencionó

Muchos cubanos residentes en la isla, o que vinieran a ella de vacaciones, se pasaron por San Carlos a ver la silla, la cual, a medida que transcurría el tiempo iba ganando protagonismo. Es más, si cuando la encontramos, la vida y obra de Maceo apenas nadie la conocía en Mallorca (y estamos por decir que de no haber sido por nuestros viajes a Cuba, que publicábamos a través de Ultima Hora, la hubieran conocido menos gente aún), poco a poco se fue haciendo popular…. Y en cuanto a lo de devolverla a Cuba… Pues la silla no se movía de donde estaba hasta que las altas estancias lo decidieran. Vamos, que de ser una perfecta desconocida y no valer nada –por eso estaba donde estaba- a ser conocida y a estar sujeta a decisiones que se tomaran desde las alturas.

Me consta que una de las personas que más divulgó en Cuba el «descubrimiento» de la silla de Maceo y que más lucho porque este no fuera a Miami sino a La Habana, es Tomeu Sancho, quién en más de una ocasión contó el hecho, citando siempre a Ultima Hora, en distintos medios de la capital cubana, de lo cual –y él lo sabe- le estamos muy agradecidos.

Sin embargo, cuando hace unos años la silla de Maceo viajó a Cuba para que el presidente Sánchez, en persona, se la entregara en cesión temporal al presidente cubano, acompañado de un séquito de autoridades de Palma, nadie, absolutamente nadie, mencionó a Ultima Hora, al fin y al cabo artífice de que la silla regresara a la isla ¡Nadie! No es que pretendamos que pongan el nombre de nuestro diario en una calle de La Habana, pero que menos que un reconocimiento público, ¿no? Citarno, vamos… Pues nada, ni una palabra. Solo Sancho, una vez más, nos mencionó. Como lo ha vuelto hacer ahora, también desde La Habana.

Pero es que también entiendo que los que mandan ahora, que son los que han ido con la silla a Cuba… ¿Qué eran 24 años atrás…? ¿Estudiantes… Licenciados recientes…? Seguro que ninguno, antes de que Ultima Hora publicara el hallazgo, tenía ni idea de quién era Maceo.