Maribel Jiménez. | R.L.

Lo que empezó con el blog De mi casa al mundo en 2014 ha acabado en una profesión. Maribel Jiménez (Palma, 1981) es psicóloga y terapeuta holística. Dejó su trabajo como profesora en un colegio para dedicarse al desarrollo personal siempre con el foco puesto en la maternidad. Se hace llamar Aquamarina y se presenta desde su web como una persona que sabe «ayudar a las personas a conocerse mejor». Hablar de la maternidad es introducirse en un universo perplejo y, realmente, poco conocido. Maribel dice que la fusión emocional entre bebé y madre es fundamental.   

¿Cómo empezaste a ayudar a las mujeres a ser mejores madres?
— Comenzó como un proyecto. Después de hacer terapia individual, veía que ese trabajo me desgastaba y sentía que necesitaba un mayor impacto. Hago formaciones online desde una crianza holística, es decir integrando el cuerpo, la mente y la parte espiritual o energética. Y ahora lo que hago es certificar a guías de todo el mundo para acompañar en el proceso de la maternidad y organizo círculos de maternidad holísticos, tanto para madres durante el embarazo como para aquellas que ya tienen hijos.

¿Qué necesidades tienen las mujeres?
— Nos vienen madres muy conscientes de que querer trabajar sus heridas emocionales y los traumas que han podido tener en el pasado. Un trauma no se transfiere, sino que, como madre, el bebé te lo va a hacer ver en algún momento. Por ejemplo, si en tu caso tuviste una madre poco presente (fría en la crianza, que no se enteraba de tus necesidades), lo que te sucederá es que llegues a la maternidad con las mismas dificultades para vincularte con tu hijo. Lo que un menor reclama es que le sostengas, que haya un vínculo visual.

¿En qué momento les puede afectar más esa falta de atención?
— El primer septenio de vida es el más importante, que serían los siete primeros años de vida. Desde ahí se produce el cambio de dentición, el momento en que se debe llevar a cabo la separación de la madre con el menor, porque es ahí donde ellos descubren su propia identidad, sus talentos o exploran sus capacidades motrices. El niño, a partir de los siete años empieza a ser él.

¿Y si caemos en la sobreprotección?
— Cuando hay sobreprotección es por un miedo que transfieres al hijo. Si eres una madre consciente y entiendes cuáles son las fases evolutivas del desarrollo del menor, sabrás que habrá momentos en el que el hijo necesitará ser autónomo y aquí nosotras debemos facilitárselo.

¿Y aquí qué papel juega el padre o la pareja?
— Para que la madre pueda sostener al bebé durante la primera etapa, ella necesita ser sostenida por la pareja. La crianza en solitario es muy difícil, nos volvemos locas. Es importante que la pareja sepa acompañarnos.

¿Qué es la maternidad desde su punto de vista?
— La maternidad está muy idealizada. Nos enseñan en libros, en películas, en los medios, una mamá perfecta con su bebé en el carrito y que todo es maravilloso. La realidad es otra. La maternidad te lleva a enfrentarte a quien tú eres realmente. Es una puerta abierta a ver todas tus luces pero también tus sombras y eso te las va a sacar tu hijo. Sin ayuda, sostener la crianza es durísimo. Y el problema es que vivimos en una sociedad individualista, estamos solas, no hay ese concepto de tribu. Con una tribu (que haya familia, amigos, pareja que te sostengan), el proceso sería mejor.

¿Por qué el posparto es un tema tabú?
— Es un momento de máxima vulnerabilidad y no se explica realmente todo lo que vive una madre a nivel emocional y eso es culpa del patriarcado. Durante años, no se ha tenido en cuenta nuestras necesidades, ni en la edad adulta, siendo madre, ni en la infancia. En el posparto aparece depresión a veces.