Imagen de Miquel Oliver | Pilar Pellicer

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Miquel Oliver dirige la Escola d’Art i Superior de Disseny de les Illes Balears desde hace dos años y medio. Su experiencia como arquitecto en el sector privado dice que le permite saber qué salidas laborales necesitan los alumnos. Este curso recupera, como titulación propia, el máster en diseño responsable en entornos turísticos, suspendido por la pandemia.

¿La restauración y la rehabilitación deben sustituir el consumo del territorio?
— Completamente. Es difícil, pero está claro que no podemos seguir consumiendo territorio. Hemos superado lo que podía dar de sí las islas. Los índices de saturación están disparados en todos los sentidos,y el modelo necesita un cambio al que llegamos tarde. Aun así, se acaban de construir cinco nuevos hoteles en Palma y otros en el resto de la Isla. Y esto, con un Govern que se define verde y defensor del territorio. El sector de la construcción debe tener una huella ecológica cero y esto supondrá que cueste más, pero es que viajar será más caro y otros destinos serán más baratos que el nuestro. Todo esto nos obliga a ofertar algo que sea diferente. Tenemos mucho potencial, como patrimonio consolidado y paisaje conservado.

¿Cómo rediseñar espacios turísticos que han envejecido tan mal, como la Platja de Palma o Magaluf?
— Hablar de decrecimiento turístico hoy en día no es un tabú, todo lo contrario. Es una palabra que ya se usa en los discursos políticos. La evaluación del rendimiento del dinero que se gasta y su retorno sobre la inversión turística debe estar mejor repartido. La inversión, que hacemos todos, no puede quedar en unas pocas manos. Cuando acaba el ciclo de vida de un producto no puede ser que el productor reclame el gasto al Estado. Los productos tienen que tener una conciencia cuando se hacen y, evidentemente, en los inicios del impulso turístico no la hubo. Ahora debe tenerla para prever el ciclo de vida de cada hotel. La rehabilitación del modelo no se podrá hacer sin la colaboración entre el sector privado, el público y el propio turista.

El diseño se asocia al lujo y el poder, pero no siempre ha sido así. El Grup d’Arquitectes i Tècnics Catalans per al Progrés de l’Arquitectura Contemporània apostó por edificios de calidad para trabajadores, como la Casa Bloc. ¿Puede el diseño volver a estar al servicio de la mayoría?
— Todo tiene un diseño, ya sea mejor o peor. El gran diseñador es la naturaleza, que optimiza los recursos y el rendimiento, además de ser elegante. Estamos en una sociedad donde impera la diferenciación entre personas, que valoran según el precio de las cosas, y esto se suele vincular al lujo. No tiene por qué ser así. El buen diseño resuelve un problema y da un valor añadido. Para mí el mejor es el que es funcional y pasa desapercibido.

Las nuevas VPO del Ibavi apuestan por la calidad del material, que es local y natural, lo cual democratiza el diseño entre los más vulnerables. Sin embargo, algunos critican que no se hagan más pisos aunque sean peores.
— Los proyectos que están haciendo están bien diseñados. Que la vivienda pública sea de alquiler y no de venta es una buena idea, también la elección del material. Vender mucho y barato o vender poco y caro son dos modelos de márketing. Aquí siempre se ha apostado por el primero. En un mercado libre y democrático es difícil controlar los factores que determinan que se pueda aplicar una de estas ofertas, que involucran a tantos sectores. El diseño es lo que marca la diferencia un producto de otro y tenemos que conseguirlo aquí. Hemos sido la capital del turismo durante años y eso es porque hemos sido punteros.

Diseño gráfico, de interiores, de moda o de productos. En la EASDIB se gradúan los profesionales que moldean el entorno público y privado. ¿Cómo influye la escuela en la sociedad?
— Los alumnos son nuestro producto, nuestro orgullo. Por fortuna, muchos encuentran trabajo porque tenemos un buen programa y convenios con empresas. Esto nos permite saber qué es lo que hace falta. Vengo de una empresa privada y estoy muy pendiente de lo que hay que ofrecer para mejorar las salidas de los alumnos. Desde programas de ordenador a conocimientos imprescindibles en materias que no se daban, como la gestión de residuos o de eficiencia energética. El año que viene añadimos una asignatura optativa de diseño interior de barcos y embarcaciones de recreo porque existe una demanda y una necesidad. Ya hemos acordado prácticas con las patronales. Nuestra intención es tener una especialización en diseño interior de barcos en unos años.

También apuestan por los ciclos formativos de grado superior, con ciclos de fotografía, ilustración, joyería y cómic.
— Una de las reformas educativas hace años implicó que los ciclos artísticos quedaran aparte, en vez de estar en la misma familia de la Formación Profesional. Esto los excluye de la cobertura económica y la programación europea. Se está trabajando en la nueva ley de enseñanzas artísticas superiores y espero que se apruebe en esta legislatura. Pensábamos disponer del borrador antes de verano, es lo que se nos dijeron, pero no ha sido así. Los ciclos formativos, al no estar en la ley de la FP, tiene una normativa propia y por eso hace años que no se actualizan. Necesitamos cambiar los planes de estudio, como los de diseño de entornos virtuales. Lo mismo con joyería.

¿Qué retos de futuro tiene la institución que dirige?
— Tenemos dos realidades diferentes: la de los ciclos y los estudios superiores. Compartimos todo, como espacios, profesores y equipo directivo. La Conselleria d’Educació siempre se ha mostrado a favor de crear una escuela de artes de Mallorca y una escuela de diseño de Balears para trabajar de una manera organizativa diferente. Esto sería fundamental para potenciar ambas cosas. No tiene sentido que en un centro tan pequeño estén las dos formaciones mezcladas.