Javier Mato posa para esta entrevista. | Jaume Morey

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Marzo de 2020 es un mes que quedará para el recuerdo. De un día para otro se confinó a la población a causa de un nuevo y desconocido virus que también paralizó la economía. El periodista Javier Mato empezó a publicar en Ultima Hora artículos de análisis en los que se centró en la conducta global frente a lo inesperado, ahora los ha recopilado en el libro Cazando un virus a ciegas.

¿Cómo empezó la idea de escribir de la COVID a nivel mundial?
—Surge porque estaba aburridísimo pero también porque las cosas eran excepcionales e internet te permite ver mundo. Si tienes un vehículo para encontrar información relevante es satisfactorio.

Al principio sólo unos pocos vieron que esto era algo gordo.
—Hechos colectivos trascendentales hay muy pocos. Me acuerdo del golpe de Estado de Uruguay cuando era niño; el 23-F, que estudiaba la carrera en Pamplona, o el 11-S... Son hechos ante los que el ser humano se comporta de una manera no prevista. Y aquí, en un mes, pasamos de la vida normal, leyendo lo que le pasaba a China, a estar encerrados en casa con la idea de que nos podíamos matar los unos a los otros. Yo lo he vivido. Mi madre vivía sola, con 88 años y problemas graves de movilidad. Cada día salía de casa a verla y recuerdo a gente que te gritaba de los balcones o que cruzaban la calle al verte. Me pareció interesantísima la reacción cuando no hay un manual de instrucciones, también la de los gobiernos.

Se copió a los demás.
—Políticamente es mucho mejor hacer algo incorrecto que hacen todos los demás que no hacer algo correcto tú solo. ¿Qué país hizo algo diferente? Suecia, y casi los acribillan. Los datos globales que la OMS publicó hace un mes, país a país, dicen que fue el mejor país de Europa en volumen de muertos por habitante.

¿Fue valiente?
—Sí ,pero porque el organismo sanitario lo elige el gobierno y ya no interviene más. Anders Tegnell es un técnico en una agencia independiente por eso toma decisiones sanitarias. En Europa se tomaron mirando a las urnas todo el tiempo. ¿Qué sentido tiene sentarse con sindicatos y patronales a estudiar si cerramos los martes o los jueves?

¿Se dijeron muchas mentiras?
—Hay un artículo que explica que España tiene un organismo que hace un seguimiento de las epidemias en el mundo. Ésta se detectó en enero. El organismo tenía un manual con el que calificar el virus según unos parámetros y el virus caía en el grado 4 de 5 por lo que recomendaba habilitar hospitales, comprar material... Pero, imagino que, por presiones, se calificó de grado dos. Políticamente no podían paralizar el país.

¿Qué opina de Fernando Simón?
—Todos los que participaron en esto al principio nos mintieron, así que me merecen cero credibilidad. Un científico tiene la obligación de decir que no tiene evidencias; no puede dar algo por seguro cuando no lo es. Recuerdo la primera charla en Marratxí, se dijo que tenía menos importancia que la gripe. Eso se pagó después, hemos perdido mucha credibilidad. Se nos infantilizó.

Con el miedo que hemos tenido ¿Se ha desacelerado muy rápido?
—La mortalidad sigue alta pero esto no se aguantaba más. Hay tres artículos históricos de epidemias anteriores y la reacción era la misma:pánico, encerrarse, unos magnificando y otros minusvalorando.

Aquí también perimetraron.
—A mi madre le perimetraron el barrio y yo iba cada día. Nunca vi un control. Todo fue política. En España el control de los aeropuertos fue de chiste; Sanidad Exterior contrató a gente y les puso una bata blanca ¿para qué? Absurdo.

¿Fue la vacuna una alegría?
—Eso funcionó y muy bien. En los temas científicos te caben tres opciones: correcto, incorrecto o no tengo información suficiente. El antivacunas estaba mal informado pero, ojo, el gobierno de Castilla y León suspendió la vacunación porque había muerto una mujer en Viena, ¿cómo se puede ser tan irresponsable?

¿Modelo Ayuso o Armengol?
—Hicieron lo mismo en diferentes momentos. Cada vez que se tomaba una medida, Ayuso hacía la contraria. Y aquí fueron muy restrictivos y no sirvió para nada. Negueruela el primer día empezó a decir que somos un destino seguro y creo que todavía lo está diciendo. Lo que hubo fue una locura administrativa, se llegaron a aprobar cinco normas en un día. En Vigo se llegó a legislar que las calles peatonales se caminara en el mismo sentido, para que vieran que se hacía algo.