Fotograma de la película 'Bridget Jones'.

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La vida está muy cara. No lo digo yo, lo dice el IPC. También lo dicen los periódicos y los telediarios. Y lo dice mi amiga Lola cuando sale de Mercadona con el tique de la compra, un contrato basura y un abusivo precio de alquiler por pagar. Lola no es Bridget Jones, aunque sí tienen algo en común. No es el 'mood' de enterrarse debajo del nórdico a comer helado cuando las cosas se tuercen. Lola es más de coger el toro por los cuernos. Pero como Bridget. Como cualquiera de nosotras. Paga cada mes el alto coste de la soltería.

Los tópicos son tópicos y solo a base de esfuerzo y educación se ha conseguido cambiar las cosas. El sentimiento solterona ya no computa a los treinta. Tampoco a los 40. Ni a ninguna edad. Lola ha pasado de ser una solterona a ser single y, su modo de vida, antaño señalado y destinado a vestir santos, se ha convertido en un grupo representativo del mundo en el que vivimos. Son las nuevas Bridget Jones. Aquellas que consiguen ser todo lo que nos define y se han quitado la etiqueta que nos pusieron sin preguntar. Aunque aun así, siguen pagando el alto coste de la soltería.

Y es que, aunque nos empeñamos en modernizar las cosas con anglicismos, la realidad es otra: vivimos en una sociedad en la se premia y propicia la vida en pareja, pero no tanto la soltería. Las estanterías de los supermercados siguen llenas de packs familiares y encontrar un piso en el que vivir sola es toda una odisea. Aunque este último ya no sea un problema de los que viven solos, sino de todos. Palma está entre las 500 grandes ciudades más caras del mundo. Y no lo digo yo, lo dicen los precios en Idealista.

Estar soltera ya no significa vivir aislada. No es mejor ni peor, pero sí es más caro. Aunque la sociedad se empeñe en aparentar avances que acaban perdidos entre palabras. La única solución es la misma fórmula que en el amor, para avanzar hay que soltar. Hay que desligarse de las viejas creencias infundadas para prosperar hacia una sociedad igualitaria que no se base en el cómo ni dónde ni con quién vivimos. Hoy en día, las solteras pagan 7.000 euros anuales más que aquellos que viven en pareja. Ese es el alto coste de vivir sola. Todavía falta una regulación de los precios de la vivienda, una renovación de los hábitos de consumo y de las políticas públicas. Porque la vida está muy cara. Y aunque la felicidad no tenga precio, pagar las facturas sí.