El exconseller Alexandre Forcades saluda a Rajoy ante Vicens. | M. À. Cañellas

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Despojado de su traje de presidente y convertido en un señor de Pontevedra, Mariano Rajoy vino ayer a Palma a hacer de Francisco Umbral y solo se dedicó a hablar de su libro y un poco del rey Juan Carlos para denunciar los ataques que recibe. Su libro se llama Política para adultos y, pese a la promesa que sugiere el título, se puede encontrar en estanterías para público de todas las edades y no solo en la mesita de noche de usuarios de Tinder. Tras transmutarse en aquel bolso de Soraya Sáenz de Santamaría durante las horas de la moción de censura y jubilarse después de la vida política, Rajoy hace ahora lo que le da la gana, y lo que le da la gana es hacer de Rajoy, así que la conferencia fue un ejercicio de rajoyismo al cubo.   

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El expresidente tiró de ironía y sorna gallega para alertar del peligro de los populismos, con referencias directas a algunos populistas, como Pablo Iglesias, pero no a otros, como Santiago Abascal. Y en esa sorna, hasta tuvo ocasión de reírse de sí mismo –sin mencionarse y citando al anterior presidente del Gobierno– para reconocer que también él pecó cuando tuvo la ocurrencia de convocar primarias, un cuerpo extraño en el ecosistema ‘popular’ que la naturaleza conservadora ha sabido expulsar con el paso del tiempo.

Es muy probable que la última vez que Rajoy viajó a Palma lo hiciera para reunirse con el rey Felipe VI en su tradicional audiencia en Marivent y que después prometiera la reforma del sistema de financiación y la aprobación inminente del Régimen Especial. Cuatro años después, nada ha cambiado sobre estos dos asuntos, ysi Rajoy fue capaz de transmutarse en el bolso de Sáenz de Santamaría, Pedro Sánchez ha hecho el ‘más difícil todavía’: se ha transmutado en Mariano Rajoy.