Cristian Costa trabaja ahora en el IMAS pero sobre todo es enfermero cooperante.

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Iba para biólogo y terminó en enfermería casi por casualidad, pero una vez dentro lo tuvo claro, en seguida contactó con la Oficina de Cooperación y Desarrollo de la UIB, «aquello me fascinó», asegura. Cristian Costa (Palma, 1991) trabaja ahora en el IMAS pero sobre todo es enfermero cooperante, la cara menos conocida de una profesión imprescindible.

Al terminar el grado se marchó a trabajar a Inglaterra. «Me ofrecieron un contrato indefinido en su sistema nacional de salud, un sueldo muy bueno, mucha facilidad para la formación…». Con el tiempo le salió un proyecto de voluntariado europeo en Austria, donde estuvo nueve meses y le tocó atender la crisis de refugiados de 2013. «Vivía enfrente de la estación de Salzburgo y aquello de repente un día se llenó de gente. Apoyé en la logística con comida, duchas portátiles o camas plegables, trabajamos mano a mano con los militares y la Cruz Roja». Ahí supo que para seguir su vocación, tenía que profesionalizarse.

Hizo un máster de cooperación internacional en la Universidad del País Vasco con el que realizó un proyecto en Perú durante tres meses de 2019. «Como sanitario me encargaba del proyecto de primera infancia de 0 a 6 años en la zona rural del Alto Piura», explica.

Pese a que el cooperativismo implica ser plurifuncional, el grueso de su trabajo se centró en la alimentación. «Allí tienen un problema de malnutrición infantil muy importante, centrado en la anemia. Tienen producto pero lo venden para sacar dinero». La anemia hace que los niños estén más fatigados e interactúen menos, lo que dificulta el neurodesarrollo.

Siente que su labor sirve, «te llevas muchas cosas pero la cooperación es muy dura. Llegas pensando que cambiarás el mundo y al final aprendes que aportas tu granito de arena», dice.

Cristian trabajó sobre la alimentación en la primera infancia en Perú
Cristian trabajó sobre la alimentación en la primera infancia en Perú.

Costa advierte que es «fundamental» tomarse un tiempo para asimilar los proyectos cuando se terminan. «Hay que cuidar la salud mental, hay que encajar las cosas. A mí, la crisis de los refugiados me dejó devastado. Se tiene que saber parar y recargar pilas». Con la llegada de la pandemia quiere estar con su familia a sabiendas de que la cooperación «es algo que no voy a dejar de hacer». A quien le interesa este mundo, le pide responsabilidad, humildad y respeto, y saber que «no somos nadie para decirle a otros lo que tienen que hacer, nuestro trabajo es colaborar».