Telmo Guitart tiene 17 años y ha hecho los exámenes de la EBAU en el aula hospitalaria de Son Espases.

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En un aula de hospital, aislado de otros estudiantes para evitar contagios, acompañado por su padre y una tutora, que recogía los exámenes cada mañana en la UIB, y con una bacinilla al lado para vomitar entre prueba y prueba. Así ha sido la selectividad de Telmo Guitart, que aprovechó la ventana entre dos ciclos de quimio para realizar la EBAU en la convocatoria extraordinaria de julio.

Si este temido test de acceso a la universidad resulta difícil, imagínense para este joven, que lleva cuatro meses luchando contra un cáncer que le ha cambiado la vida de un día para otro. Ese sí que es el examen de su vida.

Objetivo selectividad

Telmo tiene 17 años, una risa franca y contagiosa, ha practicado atletismo toda su vida, y como todo chaval de su edad, unas ganas locas de comerse el mundo. Sobre todo después de año y medio de pandemia, confinamiento y clases semipresenciales: «Me dicen los médicos que esta enfermedad es una lotería. Pero al menos me ha tocado un buen número. Tengo un tipo de cáncer que se extiende muy rápido, pero cuando se detecta, se ‘acojona’ rápido con la quimio», dice Telmo, inmune al desaliento.

En mayo le diagnosticaron el tumor. Aún así, y a pesar de que una noticia de estas características da un giro de 180 grados a tu vida, tuvo la fuerza suficiente de terminar bachillerato. Entonces le tocó echar el freno entre tanta vorágine de cambios. Sus amigos saliendo y estudiando y Telmo, entre su cama y la del hospital. Es ahí cuando empezó a rumiar la idea, si el cuerpo se lo permitía, de presentarse a las pruebas de acceso a la universidad, como el resto de sus compañeros.

La tenacidad de Telmo
Detalle de la mano de este estudiante.

«Mi sueño es estudiar Ingeniería mecánica en la Universidad del País Vasco (UPV). Al menos quería intentar hacer los exámenes y no perder el año», explica Telmo. Se sentía preparado para horas de estudio, y contó con el apoyo de sus padres y de su oncólogo, el doctor Salinas, que confiaba en que si los plazos del tratamiento se cumplían, era muy conveniente que se presentara.

El servicio de oncología de Son Espases contactó con Llüisa Planas, coordinadora del aula hospitalaria, en el que los menores ingresados pueden estudiar mientras reciben tratamiento, y vivir algo de la normalidad que la enfermedad les ha arrebatado.

«Fui a visitar a Telmo a la UCI, y le vi tan débil, pero al mismo tiempo tan convencido, que me disipó cualquier duda. Empecé a hacer llamadas para que pudiera realizar la selectividad», explica Planas, que se reunió con Dolors Forteza, encargada de planificar las pruebas de acceso a la UIB para alumnos con necesidades de apoyo, e iniciar el proceso.

Esfuerzo compartido

«Médicos y docentes coincidimos en que la salud era lo más importante. Por eso se decidió que, por primera vez, los exámenes se realizarían en el mismo hospital. Había sucedido en un par de ocasiones, pero la prueba se había llevado a cabo en casa del paciente, no en el mismo centro hospitalario», apunta Dolors Forteza.

La primera convocatoria de la EBAU coincidió con un ciclo de quimio de Telmo, así que se preparó todo para la extraordinaria de julio, entre el 6 y el 8. «Mismos exámenes y misma fecha que el resto de alumnos, controlado para que estuviera cómodo y con más tiempo para que descansase», enumera la responsable de la UIB. Y mientras esto sucedía, Telmo sacaba fuerzas para estudiar: «A veces con los libros, otras mediante apuntes, podcast... todo era bueno si aprendía», señala.

La tenacidad de Telmo
Dolors Forteza y Lüisa Planas, en el aula hospitalaria de Son Espases.

Los días que duró la selectividad fueron duros: «Toda el ala de pediatría pendiente de si me iba bien. Menuda presión», recuerda Telmo. Pero ahora, con el resultado en su poder, sabe que el esfuerzo ha valido la pena.

Ya solo queda ver si su nota le da para estudiar el grado que quiere, y seguir sonriendo como hace siempre, a pesar del tratamiento, contra viento y marea.