Además del teléfono móvil, el QR puede estar contenido en una pulsera, un reloj digital, un casco o integrado en la propia tarjeta sanitaria. | Redacción Local

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La UIB, a través del Grup Smart Destination/ Smart City, ha diseñado un código QR que aportará una información sanitaria certificada de cada pasajero, lo que servirá para una adecuada gestión de la movilidad en Baleares en los próximos meses tanto para turistas como para residentes durante el período de postconfinamiento por la COVID-19.

Esta iniciativa, que cuenta con el respaldo de la Conselleria de Salut, sería complementaria a la anunciada la pasada semana por la presidenta del Govern, Francina Armengol, y referida a la puesta en marcha de una aplicación para el rastreo de posibles contagios.

Bartomeu Alorda, profesor titular de Tecnología Electrónica de la UIB y coordinador del mencionado grupo de investigación, señala que «ante la posibilidad de una próxima apertura más amplia de puertos y aeropuertos, se trata de actuar ante una llegada de pasajeros de los que no sabemos nada de su situación y su origen sanitario. Para evitar tener que pasar por un test o una cuarentena, el código validaría que el pasajero tiene una certificación sanitaria en origen que nos informa de que está libre de coronavirus. Esta información sería detectada en destino por un lector o aplicación autorizada».

Según Alorda, «la información proporcionada iría más allá, pues el destino podría tener conocimiento de la situación sanitaria de todo el pasaje de un vuelo antes de su llegada. Es decir, la compañía aérea puede comunicar previamente al destino que, entre sus pasajeros, un número determinado de ellos cuenta con el código. No sólo se trata de que el pasajero viaje con su información sanitaria, sino que destino y origen compartan esa información».

Sin embargo, cabe la posibilidad de que un turista (o un residente que se mueve entre islas) se contagie durante su estancia en destino, por lo que habría que articular un servicio o mecanismo por el que el pasajero actualizaría la información sanitaria para regresar a su lugar de origen.

El código QR podía llevarse en multitud de soportes, como el teléfono móvil, el reloj digital, en la propia trajeta sanitaria, en una pulsera o en cualquier otro elemento portable, como un casco de ciclista.

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El código QR del proyecto es, en realidad, un contenedor digital llamado ShareEQR, con una tecnología patentada por la UIB y que ya fue avalada en un simulacro realizado en 2017 de llegada de un barco de travesía internacional con una posible infección.

Alorda indica que «el código establece un sistema sólido de comunicación entre las entidades implicadas en el control de la movilidad y, a la vez, permite crear un marco de rastreo, respetando la privacidad de los datos, para conseguirla máxima protección de la población. La imagen EQR sería emitida por las entidades certificadoras de la información contenida: el propio servicio de salud del lugar de origen, la empresa donde se trabaja o los servicios sociales en caso de necesidades especiales».

Cabe destacar que se trataría de una información encriptada y que no aparecería fuera de los servidores de las entidades responsables del proceso. En realidad, el código puede ofrecer una doble información: de identidad y movilidad para los cuerpos de seguridad, y de identidad y médica para los agentes sanitarios. Cada lectura realizada, además, sirve como monitorización y análisis de desplazamiento de posibles nuevos casos positivos.

Ejercer el control sin necesidad de tocar nada

El ShareEQR puede acreditar información para la movilidad (identificación, motivo del desplazamiento y situación sanitaria) sin necesidad de que nadie toque nada, por lo que cualquier acción de control reduce su posibilidad de contagio. Los datos personales mantendrían su privacidad gracias a la información encriptada.

Además, el código registraría toda la movilidad del pasajero.