Una de las zonas organizadas para hospitalizar a pacientes COVID en Son Espases. | M. À. Cañellas

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Hace más de un mes se decretó el estado de alarma en España y por aquel entonces los diferentes centros sanitarios ya reorganizaban sus circuitos asistenciales. Se empezaron a anular las consultas presenciales y las operaciones no urgentes para prepararse para acoger a los pacientes de COVID-19 y también para evitar el contagio de una enfermedad desconocida. Desde entonces hay menos gente esperando una intervención quirúrgica -12.701 frente a las 12.800 de hace un mes-, básicamente porque se han resuelto las urgentes y no ha habido muchas más visitas al especialista que lo decreten necesario; pero sí se ha incrementado hasta un 45 % el tiempo medio de espera para se la hagan.

Para operarse hace un mes había que esperar unos 78 días, cuando ahora el tiempo estimado está en los 113,6, casi cuatro meses.

A nadie le sorprenden las cifras en medio de una pandemia en la que hay que priorizar y «todos los esfuerzos se concentraron en la COVID, se suspendió todo lo que no era urgente y se hizo mucha consulta telefónica que sirvió para resolver problemas», explica el doctor Francesc Albertí, subdirector de Atención Hospitalaria y Salut Mental. «No nos sorprende el resultado, en ese momento lo que queríamos era salvar vidas y no dejar de atender a nadie que fuera no COVID y lo hemos conseguido», añade.

Pero paralizar la sanidad no urgente durante un mes y medio -de momento- tiene otras consecuencias como el aumento de las personas que pasarán a esperar más de seis meses para una intervención, que en circunstancias normales es el tiempo estimado como prudente para una operación.

Si antes de que se extendiera la pandemia en Baleares ya había 817 pacientes que esperaban más de 180 días ahora hay un 130% más: 1.873 personas, es decir a unas mil, se les ha pospuesto una operación para dentro de más de seis meses.

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Primera consulta

La lógica de los acontecimientos también se refleja en las cifras referidas a la primera visita a un especialista. En un escenario de normalidad sanitaria como el del pasado mes de febrero, había 45.168 personas en la lista de espera para ver a un médico especialista de las que 5.701 llevaban un tiempo de espera de más de dos meses, es decir, con exceso de demora.

Tras la paralización ha bajado un 12 % el número de pacientes que esperan ver al médico, lo que puede significar que han resuelto su consulta por teléfono o que necesitaban atención urgente. Ahora hay 39.698 personas que deben ir al doctor, sin embargo de éstas, 16.362 esperarán más de los dos meses recomendados -cabe insistir- en un escenario considerado normal.

Otra lectura más: si antes del confinamiento un 12,6 % de los pacientes esperaban más de dos meses para ver al especialista, ahora el 41 % tiene un tiempo de espera excesivo. El incremento de los pacientes que han visto su cita pospuesta es del 187 %.

El tiempo de espera medio, que es el cálculo al que se refieren todos los especialistas para ver la evolución de unas listas de espera ha pasado de 32 días a 61, con un incremento del 90 %.

La situación cambiará pero «no se plantea un escenario en que la COVID-19 desaparece, seguiremos como ahora, intentando que no nos colapse, y trabajaremos en Atención Primaria para ver cómo retomar la actividad», explica el doctor Albertí. El experto asegura que en cuestión de días «tendremos un plan que se anunciará pero la idea es la apertura progresiva de consultas externas, combinar presencial con telefónico, ampliar horarios de consultas para evitar aglomeraciones», avanza.