Imagen de Antonio Madrigal junto a su hijo Carlos Madrigal. | R.D.

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El dolor de los fallecidos por coronavirus sólo alcanzan a entenderlo sus familiares más próximos, que no tienen la oportunidad ni de acompañar al enfermo en sus últimos momentos ni de despedirse y tampoco velarlo. La aflicción se agrava cuando el proceso deja la sensación de no haber contado con las medidas oportunas. Es la amargura que le queda a Carlos Madrigal, cuyo padre, Antonio, ha fallecido este lunes en Palma después de que el pasado lunes desde urgencias lo hubieran mandado «a casita» con un diagnóstico de bronquitis.

«Fuimos a urgencias el día 16 con mi padre con mucha tos, grandes dificultades para respirar y una fiebre muy alta con la que casi no se podía tener en pie. Tras tres horas en urgencias le hicieron una radiografía y unos análisis y nos dijeron que tenía bronquitis. Nos dijeron: ‘antibióticos, mucho líquido y a casita'», relata Carlos Madrigal, que creía que en aquel momento le habían hecho la prueba del COVID-19. Y es que su padre, de 73 años y con un marcapasos, respondía al perfil de persona de riesgo. «Sin saber de medicina considero que reunía todos los síntomas y que el hospital todavía no tan está saturado como para pasar por alto un caso como éste», explica.

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Antonio, que estaba jubilado y era un apasionado de los animales y de su huerto, volvió a sentirse muy mal. Esta vez en ambulancia regresó al centro hospitalario. Fue entonces, el día 19, cuando le practicaron la prueba del coronavirus, algo que sus familiares creían que ya le habían hecho. No en vano en su anterior visita les habían descartado que se tratara de la COVID-19. A las 24 se confirmó un positivo con trágico desenlace. La causa inmediata de la muerte fue insuficiencia respiratoria y la fundamental la neumonía COVID-19.

«Nunca sabes si hubieran cambiado las cosas de haber sabido antes que tenía el virus, pero sí te deja un gran descontento cómo se ha producido todo», manifiesta Carlos mientras prepara una carta de homenaje a su padre. Su preocupación también es el tiempo que han estado expuestos tanto su madre como todas las personas que han estado en contacto con Antonio, que antes de caer enfermo estaba muy ilusionado con el huerto que estaba poniendo en marcha con sus compañeros del centro de día.