Bartomeu Meliá. | Pedro Prieto

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El jesuita español Bartomeu Meliá, defensor de los pueblos indígenas de Paraguay como el aché, víctima de un genocidio que denunció y le valió la expulsión del país por la dictadura de Alfredo Stroessner, murió esta madrugada, a los 86 años, en la capital paraguaya a causa de una infección hepática.

«Su amor a la cultura guaraní y la defensa de los indígenas resume su vida. Se insertó en el pueblo paraguayo desde la cultura guaraní», dijo a Efe el jesuita Milciades González, su asistente en los últimos años.

Melià (Porreras, Mallorca, 1932), que este sábado habría cumplido 87 años, llevaba varios días internado en la enfermería provincial de los jesuitas, en Asunción.

Era una figura muy conocida y apreciada en Paraguay, especialmente en el campo de la cultura y de la docencia, actividad que desempeñó como profesor de Etnología y de Cultura Guaraní en la Universidad Católica de Asunción y como presidente del Centro de Estudios Antropológicos de esa institución.

«De los mallorquines se dice que salimos corsarios o misioneros, y por algo de eso llegué yo a Paraguay», había dicho con su habitual ironía en una entrevista en 2016.

Meliá llegó a Paraguay en 1954, año en el que se instaló en el poder Alfredo Stroessner, quien sometió a esa nación desde la violencia y la falta de libertades hasta que cayó en 1989, a consecuencia de un golpe de Estado.

González recordó que Meliá comenzó a aprender guaraní en su primer destino, en la ciudad de Paraguarí, que combinó luego con el estudio de otras lenguas nativas, así como la historia de las misiones que fundaron los jesuitas en los siglos XVII y XVIII en Paraguay, Argentina, Brasil y Bolivia.

Todo ello a través del trabajo de biblioteca, pero sobre todo de campo, como le había aconsejado quien fuera su maestro, el investigador e indigenista León Cadogan.

«Él se movió en la antropología, la lingüística y la historia, esas fueron sus principales áreas», señaló González.

Los problemas de Meliá con la dictadura de Stroessner nacieron a finales de los sesenta y de sus contactos con los aché, una de las cuatro grandes etnias de la región oriental.
En los aché, Meliá vio a un pueblo que ocupaba tierras fértiles y atractivas amenazadas por el negocio agrícola, y víctima por tanto de expulsiones, cacerías y secuestros de niños, que desencadenó un genocidio apoyado por el régimen de Stroessner.
El sacerdote denunció esa situación en un libro junto a otros dos autores, lo que le enfrentó con el régimen dictatorial y fue expulsado del país en 1976.
En el exilio se dedicó a investigar en los archivos del Vaticano y más tarde, en Brasil, tuvo la oportunidad de viajar a la selva amazónica para convivir con el desconocido pueblo indígena de los enawene-nawe.
Meliá regresó a Paraguay el año de la caída de Stroessner y regresó a sus estudios y investigaciones.
Amigo personal de Augusto Roa Bastos, el más grande literato de Paraguay, Meliá deja una treintena de libros, todos aportes indispensables sobre la cultura guaraní, y un sin fin de artículos y colaboraciones.
«Fue junto con Roa Bastos uno de los más grandes intelectuales del Paraguay», recalcó González.