Imagen de un objeto volador no identificado.

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Hoy en día prácticamente nadie habla de ellos. Pero hubo un tiempo en que la gente decía verlos. Comentaban que los extraterrestres existían, que tenían una base en el mar en las proximidades del puerto de Sóller, de donde emergían ovnis que desaparecían en el cielo. Los submanirinistas oían extraños sonidos «metálicos» de las profundidades que se relacionaban con el misterio. Incluso había personas que habían sido contactadas con seres de otras dimensiones, y otras decían haber sido abducidas y transportadas a naves interestelares para ser examinadas científicamente,...

Del fenómeno ovni existen una serie de antecedentes en las postrimerías del siglo XIX, pero la explosión de avistamientos se produjo a partir de 1947, con el famoso incidente de Roswell, en Nuevo México (Estados Unidos), que lanzó el asunto al estrellato, creando relatos literarios, televisivos, cinematográficos y un potente influjo en el imaginario colectivo.

El asunto tardó dos décadas en llegar a Mallorca. La primera noticia sobre ovnis en nuestra Isla tuvo una gran repercusión. Fue hace 50 años, en un momento en el se denunciaron numerosos avistamientos de extraños objetos surcando los cielos, al igual que ocurría en otras islas, como Azores, Cabo Verde, Bahamas, Bermudas, etc.

Pero en 1969, un hecho ocurrido en Mallorca generó titulares en diversos periódicos nacionales, cuando se afirmaba que un moderno y potente avión Caravelle de la compañía Iberia –vuelo 435 Palma-Madrid–, que partió del aeropuerto de Son Sant Joan, casi se topa con un extraño objeto volador.

Los pilotos de Iberia

La prensa tituló así el suceso: «Ovni observado por piloto de Iberia». La información continuaba: «Se ha sabido ayer que un piloto de Iberia cuyo nombre no ha sido revelado vio durante un largo rato y en dos ocasiones desde la cabina de mando de su avión un ‘objeto volador no identificado’. La observación se produjo durante un vuelo nocturno entre Palma de Mallorca y Madrid en fecha muy reciente, según informó la agencia Cifra».

En torno a esta noticia el conocido escritor e investigador de casos misteriosos Juan José Benítez desarrolló posteriormente un largo reportaje titulado Materia Reservada en el que, tras una serie de minuciosas investigaciones, hizo público el siguiente relato: «28 de febrero de 1969. A las nueve de la noche aproximadamente –hora local– el vuelo de Iberia 435 que cubre la línea Palma-Madrid, despegó del aeropuerto de Son San Juan. La nave, un Caravelle pilotado por el comandante Jaime Ordovás Artieda y Agustín Carvajal Fernández de Córdoba en calidad de segundo, comenzó su ascenso 19 minutos después de la hora citada para alcanzar el nivel de crucero. Hallándose a 26.000 pies de altura (algo más de 8.600 metros) en noche clara y despejada la tripulación decide utilizar –bajo vigilancia– el piloto automático».

Luces de colores

Benítez explicaba que de repente, frente al Caravelle y en lo que en términos operativos se define como ‘entre las 12 y las 13’ a 20 grados de su posición, surgió una luz blanca a una distancia difícil de precisar, por lo que el segundo piloto advirtió al comandante. Tras una consulta con la torre de control de Barcelona se recibió un «negativo: no hay tráfico alguno conocido en esa posición».

La luz pasó alternativamente de blanco a rojo, siempre por delante del Caravelle, durante 19 minutos. A las 21,34 horas, aproximadamente, el ‘ovni’ descendió. La sensación de los pilotos era que la nave había llegado hasta el suelo para reaparecer frente al avión en tan solo tres segundos para alejarse después, situándose, un minuto más tarde, de nuevo frente al avión. Era una locura. Los pilotos distinguieron entonces una forma triangular con los vértices intensamente iluminados. Cuatro minutos después, el artefacto aceleró y desapareció en la oscuridad.

Continuando con las pesquisas de J.J. Benítez, el escritor asegura: «Ordovás y Carvajal fueron reclamados por el Ejército del Aire para declarar durante varias jornadas. El 10 de abril de 1969, el citado ministerio hizó pública una nota oficial en la que concluye que ‘lo que han visto los pilotos del avión de Iberia es el planeta Venus’». Pero era algo del todo imposible, por alineación del Caravelle o el horario del avistamiento.
El diario ABC publicó una entrevista con Jaime Ordovás, en la que, entre otras cuestiones informó: «La forma del objeto era triangular, con un rojo intenso que, a veces, cambiaba a blanco. No sé lo que era. Pero sí lo que no era: ni otro avión, ni un globo sonda, ni un aerolito. La definición exacta dependerá de la imaginación de cada uno».

Pasado de moda

El interés por los ovnis fue desde entonces en aumento. Sóller fue uno de los lugares donde más avistamientos se daban. Se contaban historias increíbles sobre extraterrestres. Personajes prominentes del momento se ufanaban de haberlos visto. Cualquier luz nocturna llegó a ser un «ovni». En 1979, Juan Coll, un entusiasta del fenómeno, reunió a centenares de personas en el Puig Major a la espera de un contacto que no se produjo. Fue el punto culmen de esta historia. La frustración se impuso desde entonces y los ovnis dejaron de visitar paulatinamente la Isla. O, si lo hacían, era solo para unos pocos. Lo cierto era que estaban pasando «de moda».