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No fue posible la reconciliación. Y miren que lo intentó el juez Pere Berga, apoyado por Mosset. Pero no. Las gentes de Canamunt y Canavall seguirán en guerra. Un año más, como cuando lo hacían de verdad durante el conflicto que les enfrentó en Palma y en toda Mallorca a partir de 1598.

Y es que ayer, por cuarto año consecutivo en la era moderna, los de Canamunt y Canavall -los primeros, de rojo, y los segundos, de amarillo- se encontraron en el Parc de la Mar y se liaron en una guerra de agua despiadada, tanto que no se salvó nadie de los que estábamos allí, que seríamos, entre unos y otros, unos siete mil.

Con anterioridad, ambos «ejércitos», armados hasta los dientes a base de pistolas, ametralladoras y todo lo que expulsara agua a mayor o menor presión, se habían reunido en distintos puntos de Palma: los de Canavall, en la Plaça de Drassanes, y los de Canamunt, en la de Sant Jeroni. Desde ambas, a pie y a son de batucada -Tambors per a la pau, los primeros, Dexionats, los segundos- , con Dalena Ortiz e Hipólita Rossinyol portando estandartes, llegaron al Parc de la Mar, el campo de batalla, situándose unos frente a los otros, provocándose entre sí, y cantando aquello de ¡Jo sóc Canamunt!, que era respondido inmediatamente por el otro bando con un ¡Jo sóc Canavall! o, si no, arengados desde el escenario por representantes de uno y otro bando.

El juez Jaume Joan de Berga ha intentado de nuevo que cunda la paz, a lo que la 'turba' ha hecho nuevamente oídos sordos, desatándose un año más la guerra civil entre los Canamunt y Canavall.

La charanga Final Feliç y la batucada Tambors per la Pau ha puesto el acompañamiento musical.