La playa de Cala Major fue revisada en busca de ejemplares de carabela portuguesa. | Joan Torres

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La playa de Cala Major, en Palma, fue cerrada el viernes por la tarde al conocerse que, el día anterior, una turista danesa había sufrido en sus aguas una picadura de carabela portuguesa. La turista sufrió la picadura en su brazo el pasado jueves, pero fue este viernes cuando empezó a sentirse especialmente mal y se le inflamó la zona afectada.

Atendida por un médico, por las descripciones ofrecidas por la turista, que sí vio a la carabela en el agua, los síntomas y el tipo de inflamación, el sanitario confirmó que se trataba de una picadura de carabela y dio aviso a los servicios de emergencias que, como medida de precaución, decidieron cerrar la playa al baño para realizar una inspección con el fin de comprobar si había otro ejemplar, sin ningún resultado.

La playa permanecerá cerrada hasta este sábado por la mañana, si bien hay que tener en cuenta que a partir de las 19.00 horas de ayer no contó con vigilancia. Si hoy por la mañana no se encuentra ningún indicio de presencia de carabelas portuguesas, la playa será reabierta. En cualquier caso, se recomienda no bañarse estos días en toda la bahía de Palma, pero si se hace, tomar todas las precauciones. En caso de avistar o sufrir una picadura de carabela, se debe avisar al 112. Precisamente, el 112 emitió ayer un tweet en el que asegura que, a medida que suba la temperatura del agua del mar, las carabelas portuguesas irán muriendo. Además de Cala Major, en estos días se han detectado ejemplares de carabela portuguesa (Physalia physalis) en diferentes puntos de la Badia de Palma y costa sur de Llucmajor, así como en Menorca.

Ana Morillas, del Centre Oceanogràfic, explicó que «la presencia de estos ejemplares puede tener su origen en el temporal del pasado marzo en la Bahía de Cádiz, entrando por el Estrecho de Gibraltar. La persistencia de vientos del sudeste los habría hecho llegar a Mallorca y Menorca, pero un cambio de viento los puede dispersar».
Morillas recuerda que «el Mediterráneo no es su hábitat, no toleran las altas temperaturas y aquí no cierran su ciclo vital. Acabarán muriendo, pero no podemos asegurar que no habrá más próximamente».