Francisca Vives de Eléctrica Ramblas. | Pere Bota

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Entrar en Eléctrica Ramblas es viajar al pasado. Este negocio familiar, siempre abarrotado de clientes, conserva la esencia que tenía en su apertura, en el año 1952.

Ahora, la tienda pertenece a Francisca Vives. La propietaria lleva regentando el negocio desde el año 1987, aunque explica que desde pequeña ya estaba en contacto con el negocio familiar.

Vives cuenta que «en 1952 mi padre abrió una tienda al lado del cine Astoria, en la Rambla, de ahí el nombre de la tienda. Teníamos también una empresa instaladora, donde había más de 80 personas trabajando». Con esta empresa de instalaciones, los Vives trabajaron haciendo la electricidad del palacio de la familia March o la iluminación del Castell de Bellver. Con la crisis, decidieron cerrar.

La propietaria asegura que el secreto del éxito de Eléctrica Ramblas es «despachar a los clientes como antiguamente, que eso ya no se hace». A lo largo de la historia de la tienda han trabajado muchos familiares. Los empleados que tienen actualmente llevan, el que menos, 15 años». Otro de los secretos de Eléctrica Ramblas es «sobre todo, querer mucho a la tienda y trabajar mucho, que es lo que me enseñó mi padre. Él se iba de casa a las seis de la mañana y no volvía hasta la noche».

Fruto del amor por su negocio, cuando llegó la crisis económica, el concepto de la tienda dio un giro de 180 grados: «Sabía que iban a venir tiempos malos, y que no iba a poder competir con los productos que tenía –componentes electrónicos, pequeños electrodomésticos y equipos de alta gama–, así que me fui por toda Europa, a un montón de ferias del sector para comprar más componentes que no tuviera nadie. Además, invertí todos los ahorros que me quedaban en introducir nuevos productos, como material de cocina y regalos. Yo estoy muy contenta con la tienda», explica Vives.

El comercio guarda muchas anécdotas. El hijo de la propietaria, Juan Carlos Masanet, explica que «en la década de los 60 o 70, algunos militares extranjeros venían a la tienda a comprar componentes para sus barcos». Por su cercanía con los juzgados, el caso Nóos también les ha dejado historias dentro de la tienda: «Había días que esto estaba lleno de coches de seguridad y unidades móviles de la prensa. A más de una emisora y televisión la hemos dejado emitir desde la tienda», cuenta Francisca Vives.

En cuanto a la clientela, es de lo más variopinta. La propietaria argumenta que «aquí viene gente de toda la vida, clientes nuevos para buscar cosas muy concretas o extranjeros, que se quedan alucinados de ver todo el stock que tenemos». Vives se muestra especialmente orgullosa de su surtido de conectores, y explica que «no hay comercio en Mallorca que tenga tantos en el local».

Francisca Vives y su hijo aseguran que «la crisis nos ha hecho mucho daño, y las grandes superficies también». Por eso, reclaman más ayudas de la administración.