Mariano Rajoy. | LUIS TEJIDO

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Ya no hay marcha atrás. Lo asumen todos en el PSIB. El 18-D, a votar por tercera vez. Rajoy se ha salido con la suya. En la frustrada investidura de hace unas semana sacó 170 apoyos. Sólo le faltan seis o siete entre suyos y de Ciudadanos para gobernar con desahogo. Tiene muy cerca su objetivo. Los 180 votos en su contra se han convertido en una amalgama informe de contradicciones. Pedro Sánchez no será presidente porque los sudistas de su propio partido no han querido. Jamás en los 137 años de existencia del PSOE este partido no ha perdido un presidente porque parte de su propio partido se ha negado en redondo apoyarle. Es histórico. Historia negra y vengativa, pero Historia al fin y al cabo. Además, justo después del 18-D, los sudistas piensan cargárselo. Será surrealista. Primero entregan el poder a Rajoy en bandeja de plata y encima le colocan dentro la cabeza de su propio secretario general. Ni el Antiguo Testamento se atreve a tanto navajeo intestino.

En el PSIB hay consternación. En privado, naturalmente. Pero la hay. Los socialistas baleares han jugado muy fuerte a favor de Pedro Sánchez y le han animado a pactar con Podemos y con los nacionalistas catalanes y vascos. Estaban convencidos de que la nueva correlación de fuerzas era posible. Pero Susana Díaz y Fernández Vara han armado un San Quintín, alentados por las cadenas televisivas madrileñas de la derecha dura.

El pacto de la izquierda con los nacionalistas catalanes y vascos da pánico a las jerarquías y mehalas socialistas andaluzas y extremeñas. Estas comunidades reciben mucho más dinero del que aportan al poder central, que sedimenta su fuerza en ellos. Son aliados objetivos de la recentralización ya que, de momento, el bote es interesadamente generoso con ellos. España está descentralizada administrativamente, pero de muy poco sirven las competencias sin dinero. Y el dinero se controla, se maneja y se distribuye en el Paseo de la Castellana, en sinuoso y hábil juego de poderes.

El final de Sánchez a partir de las próximas Navidades será también una derrota para los que desde la periferia confían en que España es reformable y federalizable. Ahí está situada Francina Armengol y su pacto a la balear, que podría sufrir una avería tremenda si en Ferraz toman el poder los jenízaros de Susana Díaz.

Mientras, Rajoy interpreta en público la comedia para demostrar que no quiere terceras elecciones. Sigue «invitando» a Sánchez para conformar una gran coalición. Pero es teatro del bueno. Es humo humano. Está incinerando a Pedrito. Le fuerza a la displicencia y eso le sirve de excusa para acusarle de antipatriota y debilitarlo cada vez más. Lo que de verdad busca Mariano es este puñado de diputados que le permitan volver a ser investido y controlar el Congreso gracias a la ayuda de los chicos del guateque de Ciudadanos. Esa es la batalla del 18-D, que por bien planteada se convertirá en victoria inapelable de Rajoy, prácticamente sin luchar.

A Mariano ya no le afectan los escándalos de corrupción. Es imposible que ya le caigan encima más calamidades de las que ha soportado, siempre manteniendo una sólida base de votos. Lo de Rajoy es un caso planetario; es un presidente con el tesorero en la cárcel que sigue siendo presidente. Lo jamás de los jamases visto en democracia. Y sin embargo ha resistido. Ha sido capaz de superar la ley de la gravedad política. El «Luis sé fuerte» no le ha derribado, ni la Gürtel, ni la Púnica, ni Soria, ni Rita...Lo que le queda de aquí diciembre es coser y cantar. Y además con un PSOE en pleno proceso de antropofagia.

Rajoy ya ha ganado. Al menos el planteamiento es suyo de la A a la Z. Sólo le queda administrar bien los tiempos y cargarle el mochuelo a Sánchez de que «por culpa suya» la gente tendrá que volver a votar casi con el turrón en la boca. La otra ganadora es Susana. Abre el apetito pensar en el dineral que recibe y recibirá Andalucía (en parte, dinero de las exprimidas Illes Balears).