Un vendedor ambulante pasea por la playa de Palma. | Pere Bota

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La venta ambulante ilegal se ha desplazado del casco histórico de la ciudad hacia el puerto y la Platja de Palma. El aumento de la presencia policial en zonas como Plaza Mayor ha propiciado que los vendedores clandestinos busquen otros lugares libres de vigilancia para ejercer este tipo de actividad.

Este movimiento supone un alivio para el pequeño y mediano comercio. Desde la patronal valoran el trabajo de la Policía Local, ya que siempre han exigido soluciones efectivas ante este problema. Rafael Ballesteros, presidente de AFEDECO, nos dice que el comerciante «no tiene medios para defenderse de la venta ambulante ilegal». Ballesteros es consciente de la situación social de este colectivo, pero cree que «el pequeño comerciante no tiene la culpa». Por su parte, Bernat Coll, presidente de PIMECO, sostiene que «se deben aplicar las mismas presiones fiscales al hombre del top manta que al comerciante». Coll añade que «estamos hablando de una actividad que se beneficia de no pagar impuestos».

La regidora de Turisme, Comerç i Treball, Joana Maria Adrover, comenta que «estamos trabajando para diluir la presencia de estos vendedores en el centro». Desde Cort saben que los cruceristas son la gallina de los huevos de oro para estos vendedores ambulantes, por lo que los días de llegada de estos turistas el Ajuntament incrementa el operativo policial. Al desplazarse hacia la zona del puerto y salir del radio de acción de la policía local, los mercaderes ilegales se aseguran el dificultar los operativos de los agentes. En este sentido, la Autoridad Portuaria de Palma sostiene que «están en negociaciones con el Ajuntament para trabajar conjuntamente y atajar el problema». Intentan dispersarlos, pero saben que «no es una solución, porque se desplazan a otros lugares y siguen vendiendo». La Policía Local informa que hay más de 300 vendedores ilegales identificados, 140 por el día y 180 por la noche.