Francina Armengol y José Hila. | M. À. Cañellas

«Este Pepe es un inconsciente», se decían uno a otro dirigentes del PSIB próximos a Francina Armengol por el patético comportamiento del todavía alcalde durante la amarga noche electoral del 20-D. Los resultados de Palma habían sido un desastre para los socialistas. Únicamente habían sacado poco más de 31.000 votos, un mísero 17 y pico por ciento y pasaron a ser la tercera fuerza. Faltó un pelo para que Ciudadanos les superase. Por su parte, Podemos les había sacado ¡siete! puntos de ventaja en la capital. En términos de comicios municipales estos resultados habrían supuesto la pérdida de tres o cuatro concejales. Y el desastre de Palma determinó que el PSIB se quedase sin senador. Fue el peor trago socialista en casi cuarenta años de elecciones generales. La sede del PSIB parecía un funeral.

Pero Pepe Hila estaba contentísimo. Cuando va a la sede suele estar más serio y avinagrado que el hondero de s'Hort del Rei, pero en plena debacle socialista «parecía que se había tomado una pastilla de viagra». A las once y media de la noche, entre otros muchos, llegó un apoderado de una mesa de Palma. Iba cariacontecido porque los resultados habían sido malísimos. «¡Que taaal! ¿Cómo va?», le dijo Pepe con una sonrisa de Clark Gable en 'Lo que el viento se llevó'. El otro respondió: «Mal. Vaya desastre». Entonces PP puso cara de cínico y respondió con un escueto: «¡Oh!». Y se volvió para seguir manteniendo una alegre y animada charla con algunos de sus compinches calvistas, concejales y directores generales de Cort. Estaba eufórico y vengativo. Su rival en las primarias de Palma, Ramon Socias, cabeza de lista al Congreso y hombre de la máxima confianza de Francina Armengol, había obtenido unos muy magros resultados. Parecía una venganza fría de Hila, tan fría como los llonguets de queso o camaiot que servían de catering a la dura velada del PSIB.

Cincuenta ojos socialistas atravesaban con la mirada a Pepe a medida que se iban analizando al milímetro los resultados de Palma. Hila y su tropa, seguidores de Aina Calvo en las primarias en que resultó derrotada frente a Armengol, «se relamían de gusto ante la derrota. No han hecho nada durante la campaña. No han traído ni un puñetero voto. Buscaban el fracaso de Ramón y Francina. Y lo han conseguido», se comentaba por los pasillos. Faltó un pelo para que empezasen a volar llonguets, empanadas de guisantes y coca de albaricoque hacia la cabeza de Hila. Hay convicción de que «algunas de sus áreas de influencia votaron Podemos y no PSIB. Pepe aún se cree que está en proceso de primarias. Es un inconsciente», se decía en la sede.

Pero Pepe no saldrá de ésta de rositas. «Buena es Francina a la hora de ajustar cuentas a los que juegan sucio o no dan la cara por el partido en los momentos clave, sobre todo en elecciones». Como se sabe por el pacto alcanzado en Cort, Hila dejará de ser alcalde el 2017 y le dará la vara a Antoni Noguera (Més). «Pero lo que se está jugando este infeliz es que no será candidato el 2019. El aparato del partido jamás le perdonará el desastre del 20-D. Y seguro que ya están buscando la manera de poner orden en las agrupaciones socialistas de Palma y ya comienzan a pensar en un nuevo cabeza de lista a Cort». Lo del domingo fue de traca final. Todos tristes y Pepe de risotadas. «¡Menudo alcalde socialista de Palma, que se alegra con los fracasos de su partido!».